El santoral de hoy, 5 de abril, celebra la festividad de San Vicente Ferrer, conocido como el "Ángel del Apocalipsis".
Nacido en Valencia en 1350, Vicente se destacó como un ferviente religioso y misionero que, a lo largo de su vida, tocó miles de corazones con su mensaje de conversión, arrepentimiento y esperanza.
Miembro de la comunidad de los Padres Dominicos, San Vicente comenzó su vida religiosa a una edad temprana. Su inteligencia y devoción lo llevaron a convertirse en profesor de filosofía a los 21 años, destacándose por su gran capacidad intelectual.
Sin embargo, su juventud no estuvo exenta de pruebas. Tentaciones y calumnias, sobre todo por parte de mujeres que intentaron seducirlo, fueron parte de las dificultades que enfrentó, lo que solo fortaleció su carácter y lo preparó para la misión que Dios tenía reservada para él.
La primera de sus grandes predicaciones ocurrió cuando aún era diácono y fue enviado a Barcelona en medio de una crisis de hambre. En un acto de fe y valentía, Vicente profetizó que los barcos con alimentos llegarían esa misma noche, lo que, para sorpresa de muchos, sucedió. Este milagro fue solo el comienzo de una serie de prodigios que marcarían su vida.
¿POR QUÉ ES LLAMADO "EL ÁNGEL DEL APOCALIPSIS"?
La predicación de San Vicente no solo transformaba a los corazones, sino que también inspiraba grandes cambios en la vida de las personas, como el abandono de vicios y modas vanas. Sus sermones, profundamente bíblicos y apasionados, estaban centrados en el arrepentimiento y en la preparación para el Juicio Final. De ahí su apodo de "Ángel del Apocalipsis", ya que constantemente recordaba a las gentes la cercanía del juicio de Dios.
Él no dejaba de repetir el mensaje de Jesús: "He aquí que vengo, y traigo conmigo mi salario. Y daré a cada uno según sus obras" (Apocalipsis 22,12). Incluso los más alejados de la fe y los más endurecidos por el pecado se veían conmovidos al escuchar su llamado sobre el Juicio Final, donde "Los que han hecho el bien, irán a la gloria eterna y los que se decidieron a hacer el mal, irán a la eterna condenación" (San Juan 5, 29).
Murió el 5 de abril de 1419, mientras seguía en pleno ejercicio de su misión. Su canonización, realizada por el Papa Callisto III en 1455, consolidó su legado como uno de los grandes predicadores de la historia de la Iglesia.
