El hábito de bañarse con agua muy caliente, especialmente durante temporadas de frío, puede traer consecuencias negativas para la salud de la piel. Especialistas advierten que este tipo de duchas favorece la resequedad, la sensación de tirantez y la comezón, problemas que pueden intensificarse si no se toman medidas adecuadas de cuidado diario.
De acuerdo con expertos en cuidado dermatológico, el agua caliente elimina los aceites naturales que protegen la piel y ayudan a mantenerla hidratada. Al perder esta barrera natural, la piel queda más expuesta a la deshidratación, lo que provoca aspereza, descamación y picazón, una condición conocida como resequedad cutánea.
Este problema suele manifestarse con mayor intensidad después del baño, cuando la piel se siente tirante o incómoda, especialmente en zonas como piernas, brazos y espalda.
SÍNTOMAS MÁS COMUNES DE LA RESEQUEDAD
- Comezón persistente después de la ducha
- Sensación de piel estirada
- Aparición de escamas o descamación
- Irritación o enrojecimiento
- Mayor sensibilidad al tacto
Si estos síntomas se prolongan, pueden derivar en molestias más severas o favorecer infecciones cutáneas.
CÓMO CORREGIR Y PREVENIR LOS DAÑOS POR RESEQUEDAD
- Usar agua tibia en lugar de caliente al bañarse
- Reducir el tiempo de la ducha
- Evitar jabones agresivos o con fragancias fuertes
- Secar la piel con toques suaves, sin frotar
- Aplicar crema humectante inmediatamente después del baño
- Mantener una hidratación adecuada durante el día
Estas medidas ayudan a conservar la humedad natural y a disminuir la aparición de comezón e irritación.
El cuidado de la piel no debe limitarse solo al momento del baño. Mantener una rutina constante de hidratación y protección es clave para prevenir la resequedad, especialmente en personas con piel sensible o durante cambios de clima.




