Antonia Lugo es una dama incansable, muy querida en la colonia Cortinas, en Ciudad Obregón, que con amor ha edificado una grande y unida familia
Por: Oviel Sosa
Cien años se pronuncian rápidamente, pero alcanzar un siglo de vida es un logro digno de admiración, reconocimiento, aplausos y homenajes.
Proyectando porte, elegancia y actuando como toda una reina, la señora Antonia Lugo Arvizu, cariñosamente llamada "Doña Toña", originaria del pueblo de Bacanora, Sonora, ha sabido darle sabor a su vida. Nacida el 23 de febrero de 1925, Con gran orgullo y satisfacción, celebró sus 100 años de existencia.
Su mente atesora un sinfín de momentos trascendentes, pues ha sido testigo de la historia que se ha escrito durante este siglo de vida, una cifra brillante que equivale a mil 200 meses y 36 mil 500 días.
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FORMÓ SU HOGAR JUNTO A "DON JOSÉ", EL AMOR DE SU VIDA
En la colonia Cortinas, al sur de Ciudad Obregón, junto a su esposo José de las Mercedes Parra Oviedo, formó un hogar lleno de amor, el cual floreció por años y se tradujo en una familia unida, compuesta por cinco hijos: tres varones y dos mujeres: Ramón, José, Joaquín, Mercedes y Bertha.
Doña Toña y don José vivieron juntos por muchos años, hasta que él falleció, hace casi 15 años. Sin embargo, su compañero de vida siempre permanecerá en su mente y corazón, pues fue y será siempre su gran amor.
Antonia Lugo Arvizu es admirada por su descendencia, que incluye 5 hijos, 15 nietos, 20 bisnietos y una tataranieta. Ella es la raíz que dio origen a la ramificación del árbol genealógico que construyó junto a don José.
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FESTEJA SUS 100 AÑOS
Unas letras enormes marcando el número 100 fueron la imagen que causó asombro, simbolizando una vida longeva. Con un vestido de gala color guinda, la gran señora Antonia fue rodeada de cariño por sus seres queridos, quienes reconocen su tenacidad, fortaleza y el amor que siempre les ha brindado. Ella es considerada el pilar que edificó una gran familia.
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La música de banda llenó el aire y alegró el ambiente, mientras los asistentes bailaban, convivían y disfrutaban de alimentos llenos de sabor, color y sazón. Sin duda, el platillo principal que endulzó a todos fue la tierna y conmovedora figura de doña Toña.
Con el cabello teñido de blanco y sujeto por una corona, su imagen proyectó su vasta experiencia. Su rostro arrugado contaba historias del pasado que hoy se transforman en el presente. Miles de momentos, amaneceres, atardeceres y un sinfín de anécdotas guardadas en su memoria.
La nostalgia se mezcló con la alegría, creando un ambiente digno de una película, donde la estrella y gran protagonista fue la señora Antonia Lugo Arvizu, una mujer excepcional que representa a una dama con un siglo de existencia.
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