Musk en la Casa Blanca

Ante el sentido del Fuero

Musk en la Casa Blanca

El hombre más rico o adinerado del mundo trabaja en la Casa Blanca. No cumple allí tareas menores. Pero tampoco sus labores son de las que impresionan de buenas a primeras. Comparadas con las del secretario de Estado parecerían irrelevantes. Encabeza el llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental. Su principal encomienda allí parecería ingrata: desmantelar o reducir la burocracia que trabaja en el gobierno norteamericano.

¿Imagina usted al hombre que tiene más "lana" en el mundo encargado de esos menesteres? Elon Musk los cumple. No se sabe con qué nivel de eficiencia. Un rumor reciente lo puso fuera del equipo del presidente Donald Trump. Pero al parecer las cosas al respecto no llegaron a mayores. Seguramente eso no fue por el temor de que Musk se quedara sin trabajo y sin ingresos.

No se sabe si esos rumores perturbaron el ánimo de su destinatario. Sin embargo, es difícil o imposible que haya ocurrido así. Cuando se tiene una fortuna como la que se atribuye a Musk, es casi seguro que no debió preocuparle mucho su permanencia como integrante del equipo de Trump. Según la la afamada revista Forbes, el personaje a que se alude ha recuperado el primer lugar entre los más ricos del mundo.

De acuerdo con los datos del caso, durante 2024 la fortuna de Musk aumentó un 75 por ciento hasta marcar un patrimonio de 342 mil millones de dólares. No es película de Hollywood. Es la vida real de un personaje en particular. Es el caso de un "funcionario" sin mucho brillo político en el gobierno de Estados Unidos. En el segundo lugar de esta lista, figura Mark Zuckerberg (presidente de Meta) con más de 216 mil millones de dólares en el bolsillo,"ai" nada más para los chicles. Le sigue en tercer lugar Jeff Bezos, de Amazon, cuya fortuna ha sido definida en 215 mil millones de dólares.

Una pregunta francamente ociosa: si estos caballeros acostumbran reunirse, ¿hablarán del estado del tiempo o de...dinero?

Porque ni modo que hablen de la conveniencia de mantener o no un mecanismo como el propio del fuero, tal y como se está haciendo actualmente en nuestro país, o por lo menos en sus ámbitos políticos. La propuesta respectiva para desaparecer esta protección oficial fue planteada originalmente por la presidenta Claudia Sheinbaum. Y cayó bien en el ánimo público por lo que evidentemente significa llevarla a la práctica. El fuero es una de las prácticas más distintivas de los modos de protección existentes en un país como el nuestro.

En el Senado recientemente se produjo una interesante discusión sobre la vigencia del fuero. El diputado morenista Alfonso Ramírez Cuéllar presentó una iniciativa para eliminarlo en el caso de gobernadores y diputados. Pero el presidente senatorial, Gerardo Fernández Noroña, rápidamente opinó en contra. Su razonamiento no merecería mayores comentarios. Dijo que, sin fuero, diputados y senadores podrían ser víctimas de abusos de sus adversarios. Pues ni modo. Quién les manda.

Si llegara a ocurrir lo que se plantea anteriormente, entonces lo único que tendrían que hacer diputados, senadores y gobernadores frente a sus adversarios, sería responderles con la misma moneda. ¿Desde cuándo legisladores con mínimo respeto propio permiten que sus contrincantes les falten al respeto? El problema no es tal. Seguramente al final el problema tiene que ver con la seguridad, comodidad o inmunidad que garantiza la vigencia del fuero. Por lo menos esto en lo inmediato. Porque también es posible que se despoje de esta protección a quien la disfruta de una u otra manera, para que responda por acciones que cometió creyendo que el fuero es una especie de credencial que permite todo lo imaginable.

Vale reiterar que no es así. Y habrá que formular votos para que nunca llegue a ser garantía de esa clase de actitudes, si es que, por supuesto, se tarda o no camina el proceso de su pertinente eliminación. El fuero legislativo y en general parece ser en estas alturas una añeja prenda política. Pero puede resultar obvio que sus beneficiarios actuales no quisieran perder esta significativa protección. Bajo cierta óptica podría incluso asumirse que se trata de un dorado privilegio para un grupo de servidores públicos con sobrada buena suerte.

Por lo menos este parecería ser hoy el sentido del fuero. Por eso se entiende que seguramente no resultará fácil abolirlo. Aunque hay actitudes que no deben postergarse.

armentabalderramagerardo@gmail.com