Podría resultar cansado tratar de recordar cuántas veces se ha tratado oficialmente de poner orden en la venta de alimentos no saludables en las escuelas. Diversos esfuerzos oficiales se han aplicado en ese sentido. La evidencia, según resulta posible deducirla, es que no dieron resultado. El asunto puede asumirse complicado en más de un sentido.
Es así porque, en el caso de Sonora, por ejemplo, al parecer existen 15 mil "tienditas escolares", las que obviamente funcionan en el interior de los planteles educativos. Un esquema así debe estar operando más o menos, y bajita la mano, desde que los tiempos son tiempos. Estas "tienditas" (como todas las demás existentes en el país) deberán sujetarse a su nueva legalidad operativa que, en síntesis, les prohíbe la venta de alimentos no saludables. Disculpará usted el dicho siguiente: ¡Qué broncón!
Según la lista oficial, en las escuelas ha quedado en rigurosa prohibición todo lo siguiente: refrescos, jugos procesados con alto contenido de azúcar, bebidas energéticas calóricas, botanas, frituras, alimentos ricos en sodio y grasas saturadas, dulces y productos de panadería industrial. Para compensar el gusto por todo esto, se estimulará el consumo de agua, frutas, verduras, bebidas naturales sin azúcar, lácteos bajos en grasa, cereales integrales y proteínas magras.
Un plan como el anterior no sólo contempla los enunciados transcritos. Tendrá que existir algún mecanismo operativo que vigile su puesta en práctica. Lo hay. Es el siguiente: en cada escuela se formarán comités de alimentación con la tarea de informar a las autoridades educativas sobre la operatividad o desacato del programa descrito. Ojo: se aplicarán sanciones a quienes no cumplan con esta tarea.
Queda claro, entonces, que ya existe un control obligatorio sobre la venta de alimentos en las escuelas. Las consideraciones expuestas en este apunte incluyen todos los niveles de enseñanza, es decir, desde preescolar hasta universidad. Y obligan por igual a planteles públicos como privados. Así están las cosas en la materia. Habrá que ver entonces como embonan con la realidad. No es la primera vez que en este país se hace un esfuerzo como el descrito.
Por otro lado, nunca estará de más señalar que, por ejemplo, el de suyo siempre esperado arribo de la Semana Santa, suele traer consigo un incremento en el registro de las estadísticas que tienen que ver con los accidentes viales. Incluso, se sabe que en este renglón se produce un incremento del 30 por ciento en las estadísticas oficiales. Este un dato que mueve a pensar sobre los riesgos de una temporada como la que se avecina.
Un tiempo como el venidero, en efecto, no debería ni siquiera en teoría ser el escenario de un incremento en el registro de hechos que precisamente no corresponden con la quietud personal y social que tendría que evidenciarse durante los días de Semana Mayor. Esta deseable conducta suele ser al revés por la perturbación que causan principalmente los percances vehiculares. El aumento de más del 30 por ciento del que se habla en este renglón, es de suyo bastante elevado y perturbador.
Con justa razón, entonces, Jesús Edmundo Valdez, director de Bomberos y Protección Civil de Navojoa, señaló que en la Semana Santa se recrudece el registro de accidentes viales, debido a que hay una mayor movilidad de turistas y paisanos que visitan la región. Pero al mismo tiempo en este marco de referencia existe un dato inquietante. Y es el siguiente: Ocho de cada diez accidentes que se producen están relacionados con el consumo de alcohol. Por su crudeza, poco o nada contundente puede añadirse ante un dato como el anterior.
El director de Bomberos y Protección Civil navojoense planteó dos posibilidades: limitar la ingesta de alcohol y emplear un conductor designado. Se trata, dijo, de no exponer a las familias. Y tiene razón. Pero el problema es real: en Semana Santa se recrudece la estadística de accidentes. Estos pueden evitarse también con dos actitudes: rechazar el exceso de velocidad y marcar precauciones.
No se advierte muy complicado asumir la puesta en práctica de una y otra. Pero parecería que en la vida real todo cambia al estar frente al volante. En eso consiste precisamente el problema. Un factor de riesgo en este sentido son sin duda las playas. Y los días que corren ya se advierten prácticamente playeros.
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