Llegar a cierta edad trae consigo pequeñas señales de alerta que muchos reconocen de inmediato: resacas que duran más de un día, cansancio extremo tras una noche de copas o la sensación de embriaguez con menos alcohol del habitual. Lo que antes parecía parte de la rutina social hoy pasa factura con mayor rapidez.
Esta experiencia, cada vez más común a partir de los 30 y 40 años, tiene una explicación científica ligada al envejecimiento natural del cuerpo.
¿POR QUÉ LA TOLERANCIA AL ALCOHOL DISMINUYE CON LA EDAD?
Especialistas señalan que, con cada año que pasa, el organismo descompone el alcohol más lentamente, lo que provoca mayores concentraciones de alcohol en sangre, un mayor deterioro físico y peores resacas.
El envejecimiento de los órganos y los cambios en la composición corporal son factores clave, aunque no los únicos.
ESTO ES LO QUE CAMBIA EN TU CUERPO DESPUÉS DE LOS 30
Uno de los cambios más importantes es la pérdida de masa muscular. Diversas investigaciones indican que, a partir de los 30 años, se pierde hasta un 8 por ciento de músculo por década, mientras que la grasa corporal tiende a aumentar. Esto influye directamente en la forma en que el alcohol se distribuye en el cuerpo. El músculo contiene más agua que la grasa, y el alcohol se diluye en el agua corporal. Al haber menos músculo, hay menos agua disponible, lo que eleva la concentración de alcohol en la sangre.
Esta mayor concentración puede afectar el habla, el juicio, la memoria, la coordinación y el equilibrio, además de aumentar la probabilidad de sufrir resacas más intensas. Esta es también la razón por la que las mujeres suelen embriagarse más rápido que los hombres con la misma cantidad de alcohol, ya que, en promedio, tienen menos masa muscular, una situación que se acentúa con la edad.
A ello se suma el deterioro de la función hepática. Con el envejecimiento, las enzimas del hígado encargadas de metabolizar el alcohol pierden eficacia. Esto hace que los efectos se sientan más rápido y duren más tiempo. Además, los adultos mayores son más propensos a padecer enfermedades hepáticas como la acumulación de grasa en el hígado o la cirrosis, lo que reduce aún más la capacidad del cuerpo para procesar el alcohol.
Otro factor relevante es el consumo de medicamentos. Conforme avanza la edad, aumenta el uso de fármacos que pueden interactuar negativamente con el alcohol, como antidepresivos, benzodiacepinas, anticonvulsivos o medicamentos para la presión arterial, incrementando el riesgo de efectos secundarios graves.
Finalmente, el alcohol genera subproductos tóxicos que el cuerpo elimina más lentamente con los años, prolongando los síntomas de la resaca. A esto se suma una menor sensación de sed y una peor calidad del sueño, lo que intensifica el malestar. Por ello, especialistas advierten que, después de los 40, beber alcohol requiere mayor moderación y conciencia de sus efectos.




