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Yo quiero estudiar!

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Y le hice caso a mi padre, a quien tenía en un pedestal; era mi héroe más admirado, y me puse a hacer ladrillos junto con él, como lo había hecho él con su padre durante toda su vida.

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Yo era casi un niño pero mis sueños o mis planes no contaban en una familia de 13 miembros.

Menos los de mi madre que solo vivía para atender a mi padre y a mis once hermanos. Y me fui a trabajar con él. Para mí no había tiempo para jugar y cuando lo había, solo quería descansar, hacer ladrillos cansa mucho, eso sin contar el dolor de rodillas y las manos destrozadas que el oficio provoca.

En el tiempo de frío no era tan pesado, pero en el verano aquí, en Bácum, se sentía un infierno, más porque trabajábamos con la hoguera siempre encendida. Nos iba bien, no nos podíamos quejar; salía para la comida, la ropa y uno que otro lujito de vez en cuando, como ir a pasear a Ciudad Obregón.

Pero un día, mi padre nos abandonó y se fue con otra mujer y comenzó a tomar. Ya no lo veía casi, solo cuando pasaba en la camioneta frente a la casa con su otra señora. Mi madre al verlo, solo decía “esta es la cruz que me tocó cargar”, pero a mí molestaba mucho su papel de víctima; su papel de mujer abnegada, yo quería que fuera a buscarlo y a reclamarle por qué se fue y la dejó sola con once hijos. Pero nunca lo hizo? “esta es la cruz que me tocó cargar”, repetía una y otra vez?

Entonces, mi padre se cayó del pedestal en donde lo tenía. Lo comencé a odiar y lo comencé a ver como la razón de todos mis fracasos. Sentía que era yo poca cosa para él, que ni en el mundo me hacía. Traía el coraje clavado en el corazón; nada me interesaba ya y ver a mi madre de sirvienta en otras casas para sacarnos adelante me dolía en el alma, pero no me quedaba otra más que aguantarme y trabajar más duro para ayudarle.  Me sentía un mediocre y pensaba que ninguna mujer nunca se fijaría en mí; nomás de pensar en una relación me daba miedo y pensaba quién podría querer a un pobre diablo como yo, y todo por no estudiar; por no saber nada de nada por estar todo el día trabajando en la ladrillera. De todos mis errores, hacía a mi padre culpable; emocionalmente estaba hecho pedazos, tanto que me quería morir: yo no era nadie para mi padre y era un ignorante?

Hasta que un día cambié mi actitud y me metí a estudiar sin importarme la edad. En el camino me encontré a unas buenas personas que me presentaron a Dios. Después conocía a una buena mujer y tuvimos dos hijas que nos han dado cinco nietos. Amo a mi familia sobre todas las cosas, y creo que todo se debe a que dejé de buscar culpables e hice lo que mi corazón me dictó. Hoy, soy un hombre casi viejo, pero me siento feliz. Creo que eso de estudiar y adorar a Dios, me ayudó a encontrar el camino.

“Desde el momento en que pude hablar se me ordenó que escuchara, ahora es mi turno y sé que tengo que marcharme”Cat Stevens

jesushuerta3000@hotmail.com