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Un Palacio para Cajeme

Alejandro Mungarro Daniels

(Historiador)

El Palacio Municipal de Cajeme está por cumplir 68 años.

Su construcción no fue cosa fácil y como ocurre en cuestiones del poder y de la política, para lograrlo se dieron varios tropiezos, desencuentros y afloraron también los rencores.

En la constitución de Cajeme como Municipio, a pesar de haber estado atrás de esto uno de los prohombres de la Revolución, desde principio se contaron con múltiples carencias, desde un lugar propio y apropiado para el desempeño de sus funciones, hasta carecer del mobiliario indispensable.

Su primera ubicación fue por la calle entonces llamada Durazno, entre Hidalgo y Guerrero, en una construcción de láminas.

Es casi inexplicable cómo es que estando el primer Cabildo conformado por algunas personas académicamente preparadas y varios de ellos de buena posición económica, además de contar con apoyo del gobernador y del ex presidente de la República, hayan llegado a ocupar ese local y permanecido en el por más de doce años, siendo hasta la administración de Faustino Félix Gastélum, cuando desocupan ese sitio y el Cabildo a partir de ahí se convierte en interinante por diez años, con varios domicilios en ese tiempo, hasta llegar a establecerse en la planta alta de una cantina conocida, “ Minerva”.

Tal vez fue falta de visión o de decisión de los primeros 25 alcaldes de Cajeme, para decidir establecerse en un lugar, construyendo su propio edificio.

Sin embargo, ya para 1925 se tenía visualizado construir un edificio para este fin, en las esquinas de Sonora e Hidalgo.

La administración del profesor Heriberto Salazar, 1943 a 1946, contando con un cuerpo de regidores conformado por el Capitán Rómulo Díaz Brown, Enrique Luders, Matías Méndez Limón, Jesús Alfonso Cadena, Germán Sotelo, Carlos Amaya y Jorge Gálvez, fue clave para la construcción del actual Palacio Municipal

Desde la primera sesión de Cabildo se trató el tema. Para su construcción se contaba ya con el terreno ubicado en la manzana 13 A, del fundo legal de Cajeme, comprendido entre las calles Sinaloa, Cinco de Febrero, Allende e Hidalgo, el cual había sido donado para este fin por la Compañía Richardson.

Sin embargo, la anterior administración municipal a cargo de Abelardo B. Sobarzo, había lotificado esa manzana y también la manzana 17 A, que ocupa hoy la Plaza Álvaro Obregón y la Catedral del Sagrado Corazón de Jesús.

Ese sería el obstáculo a vencer de Heriberto Salazar, toda vez que quienes habían adquiridos lotes en esas manzanas y construido ahí sus residencias, eran connotadas personalidades del ambiente político y económico de ese tiempo, entre los que se encontraban varios ex alcaldes municipales

Rómulo Díaz Brown, Primer Regidor de esa administración fue quien más empujo para este fin. Fue quien se reunió con el Gobernador, General Abelardo L. Rodríguez, planteándole el proyecto y los problemas que existían para realizarlo.

El General Abelardo L. Rodríguez estuvo de acuerdo con el planteamiento comprometiéndose a brindar todo el apoyo para la construcción del palacio, incluyendo la tramitación del crédito por la cantidad de 500 mil pesos, valor del proyecto, pidiéndole que trataran con los poseedores de solares de esas manzanas, conminándolos a devolver esos espacios a cambio del importe pagado o por medio de permuta, afirmándole que en caso de no aceptar devolverlos, el, con la autoridad que representaba los expropiaría por causa de utilidad pública.

Casi al terminar sus gestiones como munícipe, el profesor Heriberto Salazar logró recuperar en bien del ayuntamiento los terrenos mencionados, requisito indispensable que exigían tanto el Gobierno del Estado como el Banco Hipotecario para el otorgamiento del crédito.

Heriberto Salazar no alcanzó a terminar el proyecto de construcción del palacio municipal. Sería su sucesor, don Vicente Padilla Hernández, quien empieza a realizar los primeros trabajos, en de agosto de 1948, fijando el plazo de entrega de obra para agosto del siguiente año. Sin embargo fue terminado los días primeros días de julio.

Para estas fechas, como consecuencia del resultado de las elecciones para renovar los poderes municipales, y también la renovación de poderes estatales, las relaciones entre Vicente Padilla y el Gobierno del Estado eran tensas, casi irreconciliables y ya pesando amenazas de orden de aprehensión en su contra, junto con todos los miembros del cabildo.

El resultado fue que habiéndose terminado de construir el edificio del palacio municipal mucho tiempo antes de que terminara la administración, el gobernador del estado por todos los medios obstaculizó a Vicente Padilla para que el pudiera inaugurarlo.

Las elecciones donde había resultado ganador Saturnino Zaldívar Alcalá, fueron anuladas por el gobierno del estado, acusando a Padilla de fraude electoral.

Vicente Padilla terminó su administración y el gobierno de estado designa en sustitución un Concejo municipal, con el General Miguel Guerrero Verduzco al frente.

El Palacio Municipal sería inaugurado el día 31 de diciembre de 1949, seis años después de haberse iniciado las primeras gestiones para construirlo, tocándole en suerte inaugurarlo y sin haber realizado ningún esfuerzo para este fin, a Guerrero Verduzco.

Se dice que las traiciones, el odio, el rencor y el resentimiento, son cosa común en los andares de la política y entre quienes la practican.

 En cuanto a esto, a Vicente Padilla, el gobierno del estado le dictó orden de aprehensión junto con su cuerpo edilicio formado por Tomás Oroz Gaytán, Bernabé Arana León, Eusebio Montero Morales, Rafael Gil Miranda, Saturnino Zaldívar, Miguel F. Ansaldo y Matías Méndez. Pero en esos momentos el pueblo de Cajeme estuvo con él.

Al dictarse las órdenes de aprehensión, se les fijó una fianza de 6000 pesos a cada uno. Al saberse esto, el pueblo acudió a las oficinas del ayuntamiento a ofrecer dinero en efectivo, muebles e inmuebles para cubrirlas. Sin duda, eran otros tiempos.

 La noche del 31 de diciembre de 1949, el nuevo palacio municipal se vestía de gala, en sus corredores y salones se servía, vodka, whiski y champagne. Los caballeros y damas de la sociedad que hicieron acto de presencia lucían sus mejores atuendos. Aquella noche también se despedía al año viejo y ahí se brindó por la patria, por las flores y un General tejía su laberinto.

Los rencores y odios se heredan entre los hombres del poder, el gobernador Soto se lo heredó al General Guerrero Verduzco y a ese convite no fue invitado don Vicente Padilla, tampoco al profesor Heriberto Salazar, ni al Capitán Rómulo Díaz Brown se le corrió invitación, a pesar de haber sido ellos quienes fueron los precursores de este proyecto.

Don Jesús Corral Ruiz, director del el Periódico Diario del Yaqui, hace una crónica de este acto y termina diciendo: “Nosotros creemos que se ha pecado de mezquindad y egoísmo, por parte de los organizadores de este festejo, ya que en ningún modo, la presencia de quienes ejecutaron esta bella obra, hubiese lesionado ni los intereses políticos ni oficiales del Gobierno y si, en cambio, hubiera causado una magnífica impresión entre el público. Lo cortés no quita lo valiente”.

Desde la fecha de inauguración del palacio municipal, emanados de diferentes partidos políticos y también de diferentes ideologías, han desfilado32 alcaldes, ninguno de ellos ha tomado en cuenta esta fecha, este acontecimiento.

Hay algunas fechas que por alguna razón no se les dan importancia, no se incluyen en la agenda cívica municipal.