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"£Se pronostican heladas"

El Cuco escuchó decir a los vecinos que se pronosticaban heladas para el fin de semana. A todos en el pueblo les inquietaba la noticia. En cuanto llegó a su casa su esposa le dijo a él y sus hijos que había que estar bien preparados, y les recordó cómo les había ido el aóo pasado, "£más nos vale a todos tomar las prevenciones", afirmaba. Cuco no se notaba preocupado. Parece que olvidó que el frío extremo siempre les traía muchos problemas, como las cosechas perdidas, más ruina, más gasto de combustible, gas, madera, además de pulmonía y piel cuarteada. -íDios guarde la hora! Exclamaba la seóora.

Claro, a los pobres siempre nos va peor, rezongaba la esposa de Cuco, "£Porque, además de trabajar como burros, hay que salir, mínimo, a conseguir más leóa. Y si tienes tus tierritas o trabajas en algón campo hay que conseguir llantas para quemar para tratar de salvar los cultivos? -ítragas humo!...Lo que es que todos van a necesitar cartones, botas, guantes, sombrero y sellar puertas y ventanas, porque se pone tremendo? -íni con las cobijas más gruesas la haces!".

El Cuco, en cambio, se puso a sacar su ropa más vistosa, boleó las botas y a soplidos le quitó el polvo al sombrero.

Por su parte, las autoridades se encargaron de avisar en carro de sonido que se pronosticaban heladas para el fin de semana y que todos estaban advertidos.

Cuco trabajaba en unas tierras lejos del pueblo, así que se iba muy temprano y regresaba cerca de la media noche, tiempo suficiente para darle vueltas en su cabeza a la idea de que venían las heladas y que había que estar preparado.

Los más viejos recordaban cómo cada vez que se presentaba este cambio de clima tan radical, los cultivos se perdían trayendo más ruina para todos, pero lo que más les preocupaba era que podrían resistir las afecciones que traen los fríos fuertes. Todo era cuestión de esperar y de rezar, para que el problema no pasara a mayores.

Y llegó el fin de semana, y el Cuco, al regresar a su casa, notó que las calles del pueblo estaban desiertas; entonces se acordó de las heladas y supo que ésa era la razón para que el suyo pareciera un pueblo fantasma. Algo que le extraóaba era que no se oyera nada de mósica y gritos como todos los viernes por la noche?  y siguió caminando hasta su casa, pero su casa estaba sola, se imaginaba en dónde andarían todos, y así, sin baóarse, se puso la ropa que había preparado, con sus botas de cascabel, el sombrero, su cinto piteado y se dirigió a casa de su compadre el Jano. Tocó la puerta y cuando le abrió, el Jano le dijo, "ö -+Qué onda Cuco, qué haces en la calle?

Cómo que qué hago, pues vengo por ti, compadre, "öel Cuco le contestó?

"£-+Se le olvidó compadre que va a haber heladas este fin?...  Vengo por ti para ir a recibirlas juntos, yo invito, no te preocupes?y apórate que traigo mucha sed." Y se fueron.

Cuco vive pensando lo que le dicta el corazón" Gilberto Verdugo

Jesushuerta3000@hotmail.com