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¿Salvar al beisbol o las vidas?

Por más que el alcalde Sergio Pablo Mariscal Alvarado pretende conectar con la población, no lo ha logrado.

Su administración, en principio, está entre las peores calificadas por los ciudadanos y cualquier acción que emprenda o mensaje que desee posicionar, se pierde en un mar de críticas, sobre todo cuando no hay buena conexión entre lo que se piensa y lo que se dice.

De los más recientes desaciertos, de acuerdo a lo que dicen los que de esto saben, fue el del fin de semana cuando un agente de la Policía Municipal fue abatido a balazos, en tanto que su compañero resultó herido.

Sin embargo, en las redes sociales del Presidente Municipal lo que fue prioridad para comentar es, palabras mas, palabras menos, por qué no lo tomaron en cuenta para detener el acceso del público a los estadios de beisbol.

Durante varias participaciones, el alcalde se refirió a la autonomía municipal, al diálogo, e incluso planteó: “el órgano intersecretarial en acuerdo unilateral y sin fundamento versus decreto, valoración técnica y seguimiento metodológico del comité de reactivación de Cajeme. Este comité tiene la competencia así que improcedente la suspensión; de lo contrario es postura autoritaria”.

Perdido en sus galimatías, a la pérdida del elemento policiaco solamente le dedicó un espacio y por ello la siempre atenta opinión pública le endilgó una serie de comentarios que, en aras de ser objetivo, rayaron incluso en la grosería, lo cual no es algo que llene de orgullo a cualquiera.

Aquí y en China, una autoridad merece respeto y se le puede criticar, , pero sin majaderías ni estridencias fuera de orden.

Lo que se puede y debe decírsele al gobernante es que no es un asunto menor el hecho de que el fin de semana y ayer lunes agentes de la Policía hayan sido atacados.

La muerte de los elementos debe mover a las autoridades municipales a plantearse soluciones efectivas hacia el combate a la delincuencia, pues no puede esperar solamente que desde la Federación vengan los remedios para un mal que no está solamente enquistado en las corporaciones policiacas sino en la sociedad misma.

Ojalá y recurra el Presidente Municipal a Alfonso Durazo Montaño, Secretario de Seguridad Pública en el país, pero no para llenarlo de elogios como futuro candidato al gobierno de Sonora, sino para exigirle que, de una vez por todas, se ataque a las mafias, internas y externas, que están acabando no solamente con mafiosos y policías sino también con la estabilidad mental y social de los sonorenses.

Ya es tiempo de devolver el orden y la paz a Sonora. Y precisamente por no atender con oportunidad ni eficacia la lucha contra los malosos, es por lo que ha ido escalando la cruenta incursión de quienes destrozan vidas con balas y mentes con drogas.

¿Hasta cuánto esperan las autoridades que llegue el número de muertos para actuar?

¿O creen que con mensajes en las redes sociales el crimen organizado se va a detener?

Mariscal Alvarado ya debe haberse dado cuenta que aquí los balazos y no los abrazos son los que mandan y, en consecuencia, es tiempo ya de que reaccione y no se esconda mas de los reales problemas de la sociedad.

Al fin y al cabo, si no puede entrar al estadio de los Yaquis, es menos importante que las vidas perdidas.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx