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¡Qué vivan los abuelos!

Las aerolíneas desapareciendo, el liderazgo político en la lona, la economía sin poder levantar el vuelo, la electricidad subiendo de costo conforme sube el calor; los precios de la canasta básica golpeando cada día cual pandemia con sus aumentos, la violencia sin dar tregua, y la incertidumbre asfixiante, pero ahí está alguien siempre  al pie del cañón para nosotros; con una sonrisa en los labios y dando lo mejor de sí para con cariño a las nuevas generaciones  de su sangre, a pesar de la bola de años y achaques que los agobian: los abuelos.

Me pregunto qué fuera de millones de niños en el mundo si no hubieran tenido la dicha de contar o de criarse con sus abuelos. Son los abuelos los hombres y mujeres que están cuidando a los hijos de sus hijos que, por una razón u otra, no los pueden atender…

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Me pregunto qué fuera de millones de niños en el mundo si no hubieran tenido la dicha de contar o de criarse con sus abuelos. Son los abuelos los hombres y mujeres que están cuidando a los hijos de sus hijos que, por una razón u otra, no los pueden atender…

¿Qué sería de nosotros sin todos esos momentos vividos en la casa de los abuelos?

Cuando puedo, suelo recordar esos años en que tuvimos la dicha de convivir con nuestros abuelos.

Hay padres que son malos con sus hijos, pero dudo que haya abuelos que lo sean con sus nietos. Es como una ley de la vida. Curiosamente la supuesta modernidad que estamos viviendo ha hecho que cada vez más niños vayan a dar casa de los abuelos como si el destino se hubiera confabulado para bien de la humanidad. Muchos de ellos son viudos y han encontrado, paradójicamente, digo por la edad, en sus nietos una razón más de vivir y han tenido que sacar juventud de su pasado.

Quizá, el hecho de que la sociedad les pague con una bofetada su experiencia y su entrega al trabajo en el pasado al negarles un espacio laboral en el presente, se deba a que Dios tiene otros planes para los viejos.

No sé, pero me gusta pensar que así es: los abuelos están sirviendo de raíz a las nuevas generaciones que se alimentan a través de sus consejos y de sus sermones de los valores familiares y de las tradiciones del pasado.

¿A cuántos de nosotros nos  llevaron de la mano a la escuela o al parque y, así, tomados de la mano, sentimos cómo su viejo corazón y el nuestro llegó a latir al mismo ritmo y ahora los recordamos con dulzura?

¿Cuántas veces nuestros venerables viejos hicieron hasta lo imposible por que nada nos faltara, porque todo pareciera en armonía?

 Por supuesto que hubo momentos de regaños y castigos, pero de eso no me acuerdo.

Fueron ellos, también, los que hicieron posible que conviviéramos en familia. ¿Y cuántas veces debieron de haber llorado por sus problemas y dolencias pero siempre nos daban una sonrisa?

Su piel arrugada y marchita era tersura a nuestras manos.  Y sus cabellos blancos chispas de sabiduría nos parecían, y sus pies de plomo no les permitieron más velocidad que lo que nuestras cortas piernas nos podían dar.

Es seguro que entre padres e hijos no haya mucho entendimiento, es por eso que ahí siguen los nietos en el regazo de sus abuelos.

“Cada verano podremos rentar una cabaña en la Isla de Wight, si así lo quieres, y tendremos a nuestros nietos Vera, Chuck y Dave en nuestras rodillas” Paul McCartney

Jesushuerta3000@hotmail.com