¿Qué nos pasa?

Por: Redacción

Para encontrar soluciones a los problemas hay que enfocarse en las causas, eso lo saben todos, y eso lo reafirma el sentido común, que por cierto es el menos común de los sentidos.

En este caso me quiero referir a los mexicanos. A la raza de esta tierra prodigiosa, que a veces me parece se ve opacada por una serie de circunstancias que la terminan vistiendo de tristes realidades. Se podría decir que, en todo, o en casi todo, nos anda yendo como se llama el rancho de Presidente López Obrador. Economía, seguridad, salud, desarrollo social, y lo que le gustes agregar.

Y, sin duda alguna, esto se debe a nuestra forma de ser: Los mexicanos tenemos dos tres graves defectos, en lo individual, y en lo colectivo, que nos tienen hundidos en este gris laberinto. (A menos que pienses lo contrario).

Esos dos tres defectos a los que me refiero que tenemos son: no nos gusta aprender. El analfabetismo se pasee en caballo de hacienda por la nación. Nos hemos quedados cortos en la educación y, lo peor, es que al parecer así nos gusta permanecer.

La corrupción; el que no tranza no avanza; el hambre o el valemadrismo nos hacen actuar de manera antiética, lo que nos afecta a todos. Parece que estamos todos contra todos; que siempre estamos necesitados y somos capaces de lo que sea, menos de trabajar más duro, ahorrar o emprender.

Otro defecto que tenemos es que no nos sabemos valorar; traemos la autoestima por los suelos, y eso no es bueno. Nos urge recobrar ese ánimo y ese espíritu de éxito que llevamos dentro.

No nos gusta la disciplina y seguimos sin querer entender que sin orden no hay progreso; para muestra bastan muchos botones que nos han puesto los improvisados en la función pública. Ellos no cumplen la ley y no nos logran hacer que cumplamos con las normas mínimas para vivir en armonía, pero tampoco queremos o podemos ser disciplinados.

Por último, y el defecto más grave que tenemos los mexicanos desde mi punto de vista es que no nos gusta que nos digan lo que hacemos mal; no nos gusta reconocer nuestros errores, y no solo eso, todavía nos enojamos y, de ser posible, nos desquitamos de mala manera con quien nos señala nuestros yerros... ¿qué nos pasa?

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