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Los cohetes: cuestan, apestan y molestan

Bien dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos, más en una comunidad como la nuestra que está en pañales aún como sociedad organizada o como una colectividad socialmente responsable, y es que ¿A quién se le ocurre permitir la venta de cohetes para "celebrar" la Navidad y el Año Nuevo en una ciudad altamente violenta en donde el retumbar de los cohetes nos suenan a todas esas balaceras que han manchado de sangre las calles de esta maltrecha ciudad? ¡A la autoridad! ¿Y a quién se le ocurre encontrar divertido tronar cohetes cuando no tienen nada de divertido además de que cuestan, apestan y molestan? ¡A los padres de familia! Entonces, por lo visto ni las autoridades, ni los padres de familia se ponen a pensar ni siquiera un minuto en los demás. Ellos no piensan en las personas con algún trastorno nervioso o cardiaco. Ellos no piensan en las mascotas que son parte de la familia de muchos y mucho menos piensan en la integridad de sus hijos y familiares al comprarles estos tontos "juguetes" que a nadie divierten.

Sí, los cohetes cuestan, apestan y molestan, pero nadie puede con una poderosa mafia que debe estar atrás de su distribución y venta. Mafia que domina este giro como todo en México. Todo es mafia, pero somos nosotros mismos quienes les damos poder al comprar lo que venden. Mafia porque aun cuando han explotado barrios enteros, han volado manos completas, han dejado sordos a muchos, los siguen vendiendo a la vista de todos, y cada día los hacen más poderosos. No hay autoridad o la autoridad es parte de estas pandillas que lucran con la debilidad de la gente.

Jesús Huerta Suárez

Y mira que si así estuvo la Navidad en Cajeme, no quiero imaginar cómo estará la noche del 31 de diciembre en el inicio del Año Nuevo, en donde además de los molestos cohetes, se sumarán los peligrosos y absurdos disparos al aire.

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Sin duda alguna, somos una comunidad poco comprometida con nuestro bienestar, poco empática con los demás y hacemos de nuestras tontas costumbres una tradición sin sentido.

Los cohetes cuestan, apestan y molestan, y mantienen funcionando la mafia de la pólvora en México; amputan dedos, provocan sordera, afectan a enfermos cardiacos y de nervios, enloquecen a las mascotas, generan mucha basura y todo por unos pequeñísimos shots de adrenalina en sus hijos, que por lo visto no hallan cómo deshacerse de ellos por un rato y los mandan a tronar cohetes.