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Literatura

Entre el disfrute y la emancipación

En las diversas épocas de la humanidad, el arte ha estado relacionado con fenómenos sociales y políticos. Incluso, gobiernos y religiones los han aprovechado para destacar aspectos de su interés, aunque estos ámbitos se han visto cuestionados también por artistas y escritores.

Por ello, determinadas obras literarias y en general, han llegado a ser prohibidas en ciertos contextos. Ejemplo de esto es la quema de libros por autoridades nazis, o el control sobre los productos artísticos que la sociedad podía consumir, por parte del Gobierno ruso y también del cubano en algunos momentos de su historia. En Cuba, lo más probable es que esto se siga presentando.

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Por ello, determinadas obras literarias y en general, han llegado a ser prohibidas en ciertos contextos. Ejemplo de esto es la quema de libros por autoridades nazis, o el control sobre los productos artísticos que la sociedad podía consumir, por parte del Gobierno ruso y también del cubano en algunos momentos de su historia. En Cuba, lo más probable es que esto se siga presentando.

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En México, recuerdo la prohibición de la película “La última tentación de Cristo” durante varios años, hasta que finalmente pudo circular sin problemas. Años después, se tuvo una polémica por la exhibición de “El crimen del padre Amaro”, ante la que grupos conservadores pedían que no se programara en las salas cinematográficas, pero con una sociedad con mayor capacidad de cuestionamiento y movilización, esto no sucedió, generando una mayor expectativa y más ganancias en taquilla. Otro caso fue la cinta “Rojo Amanecer”, relacionada con la matanza de estudiantes en 1968, que tardó más de 10 años en poder exhibirse libremente.

En la actualidad hay mayores posibilidades de apreciar cualquier obra de arte debido a los medios de comunicación y a la presión social. No obstante, todavía hay posturas que consideran ciertas prácticas lectoras como un consumo inútil. Fue el caso del señor Marx Arriaga Navarro, director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública (SEP), quien en una reciente conferencia afirmó: “Siempre entendiendo que no se trata de leer por leer, sino asumiendo que el acto de lectura es un compromiso y genera un vínculo con el texto y el autor, y en la medida que se asume este ejercicio como algo que fomenta las relaciones sociales en donde no se trata de un acto individualista de goce, sino un análisis profundo sobre las semejanzas y diferencias con los demás, se estará formando a sujetos críticos que busquen la emancipación de sus pueblos.”

Para el señor Arriaga, el leer por el disfrute de hacerlo es un acto alejado de las relaciones sociales, sólo enfocado en lo individual, y, por tanto, egoísta, lejos de formar sujetos críticos con su realidad. Es en sí, una actividad inútil.

Quien se encarga de los libros de texto de la educación básica, evidencia algunas confusiones importantes. El goce estético es una experiencia sensorial propia del ser humano, capaz de reconocerla en diversas áreas, y en el arte es una parte esencial, que se podría analizar a detalle, así como las diferencias en cuanto a la vivencia de ella por parte de las personas. El hecho es que más capacidad de apreciación da al individuo mayores posibilidades para hacerlo en otros fenómenos, eventos y situaciones, entre éstas, de tipo social, por supuesto; además, para detectar esas semejanzas y diferencias de que habla Arriaga y ser críticos con opiniones fundamentadas. Una lectura por el gusto de hacerlo no desvincula al autor del lector, al contrario, la relación sigue presente.

En la literatura hay obras de fácil acceso y otras de gran profundidad, apropiadas para quien tenga una formación y experiencia en la materia, pero más allá del tipo de lectura, lo esencial es el mecanismo cognitivo que se utiliza para abordarlas y determinar sus alcances. Un libro considerado como muy profundo en determinada área también es disfrutable, por la técnica y prosa empleada en su construcción, por el desarrollo del tema, o por el conocimiento que aporta. Pedir que la lectura sea sólo para emancipar a la sociedad, aunque no se aclare de qué, específicamente, y que no deba disfrutarse, sería una imposición, contraria precisamente al acto de liberar.