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Lecciones de Olimpia

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Tanto así, que no pasó de la primera lectura concedida ayer en el pleno del Congreso del Estado, pues algunos de sus integrantes ni siquiera saben la “o” por lo redondo, como luego se dice, a la hora de abordar un tema que de por sí es sensible y complicado.

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Pero más allá de lo complejo que es juzgar en el aspecto de la violación a la intimidad de las personas, mujeres u hombres, incluso en el aspecto sexual, lo que se está poniendo en juego con esta legislación con tintes nacionales es la capacidad de “jaloneo” de cada una de las bancadas partidistas.

A los sonorenses les queda un mal sabor de boca de este juego maquiavélico que se intenta practicar en el Congreso con el agregado ese que le han dado por llamar “mordaza” para que los políticos puedan proceder en cualquier momento y circunstancia contra quien más gordo les caiga, solamente porque puso en circulación, en redes sociales u otras vías, una fotografía que sencillamente no le gusta, así sea porque se le nota mucho la papada.

El escabroso camino que se ha seguido en Sonora para analizar esta ley deja algunas lecciones, como por ejemplo que no hay voluntad real de tomar en cuenta la opinión de la sociedad en temas que dejarían mal parada a la clase política.

Hubo por ahí una legisladora que al cuarto para las doce convocó para que las mujeres opinaran sobre la ley, pero se hizo más que nada por la presión que ya estaban ejerciendo las integrantes de diversas organizaciones.

Pero a la hora en que se discutía en el pleno del Congreso la iniciativa, Nitzia Gradias, estaba muy calladita, como si las féminas no le hubieran dicho el camino a tomar realmente para que la ordenanza quedara conforme la realidad y no en función de la burbuja rosa en que los políticos se meten para que todo les parezca bonito, aunque afuera el mundo se esté derrumbando.

Hay otro legislador, Carlos Navarrete, de Agua Prieta, que después de haberle explicado, casi casi con manzanas, lo que es la legislación, les dijo a las damas que mejor buscaría la opinión de otro hombre para entenderle al asunto.

En resumen, queda claro que esta discusión ha sacado lo peor de algunos políticos. Y si bien la andanada contra vidrios y paredes del Congreso del Estado por parte de las mujeres no es lo mejor que debió haber pasado, lo cierto es que la frustración de contar con legisladores que solamente están esperando línea para alzar la mano, orilla a este tipo de acciones.

Al final la voz del diputado Jesús Alonso Montes Piña, quien pidió sentarse a dialogar en un ejercicio maduro para resolver este tema que consideró es de texto y que tal vez se trate de una interpretación, debe ser el mejor camino.

“Nada debería estar riñendo ni ocasionando una diferencia ideológica entre nosotros, porque todos queremos una Ley para las mujeres, que las proteja íntegramente, no unilateral, y creo entonces que podemos abrirnos ese espacio para el diálogo con los proponentes, con las comisiones y que resolvamos el único punto que es discutible”, expuso.

Ojalá y la mentalidad de los políticos sonorenses cambie y no se piense solamente en el futuro electoral inmediato para actuar en consecuencia, sino que se tenga muy claro que más allá de las urnas está el largo plazo para las mujeres, niñas y niños que alguna vez pudieran ser violentados, física o mentalmente, y una ley sin claridad no los convierta de víctimas a victimarios.

Hoy, al suscitarse hechos violentos durante el análisis de la Ley Olimpia, la lección es que esas demandas de las mujeres en contra de los guardias y legisladores que les cercenaron sus derechos y su libertad, no debe ser el marco para dirimir los asuntos torales de Sonora.

Por el contrario, el diálogo y el respeto son, tienen que ser, ingredientes de esa entidad civilizada que tanto se presume en el discurso.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx