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La falsa crónica de nuestras verdades

Iñárritu, pretencioso en lo estético; ofrece una obra que muestra su desinterés por el cine comercial

De la más reciente obra del cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu, se podría decir que es pretensiosa en lo estético, que se regodea en sí misma, que es una colección de escenas sin un propósito definido, pero lo que el director nos ofrece es una realización donde muestra que no le interesa el llamado "cine comercial", las cintas con una secuencia fácilmente entendible, o para las masas. Es una pieza muy propia, una colección de partes de una nación, México, que muy probablemente tenía ganas de mostrar a su manera.


Bardo. Falsa crónica de unas cuantas verdades, es la historia de Silverio Gama, documentalista mexicano que hace más de veinte años emigró a los Estados Unidos para proseguir su trabajo, y después de una trayectoria muy reconocida, vuelve a su país natal para recibir un premio por una producción que aborda varias problemáticas de la nación. 

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La vuelta a su tierra se convierte en una revisión existencial de su pasado, los motivos de su partida, cómo es sentirse mexicano en el vecino país y en el propio., cuando parece que ya no se es de ninguna parte. Los momentos se convierten en una constante reflexión, en cuestionamientos, reproches, reencuentros y saltos entre pasado y presente. Es aquí donde la trama va de la realidad a la fantasía, donde al parecer, es la mente del documentalista trabajando para la creación de su obra maestra. Bardo, como los personajes de la antigua Europa que contaban historias, así lo hace Silverio, pero las suyas son representaciones de sucesos que nos conciernen, el cuestionamiento de los hechos históricos y la realidad actual. Un recién nacido que solicita lo regresen al cuerpo de su madre, como una forma de manejar la pérdida de un hijo, o los cuerpos de personas cayendo cerca del Zócalo de la capital mexicana, los desaparecidos, enfrente del máximo símbolo de poder, sin que nadie acuda en la ayuda de seres que no se pueden considerar muertos, pero tampoco hay evidencia de su existencia, o la forma como una derrota vergonzosa en el Castillo de Chapultepec se convierte en un acto heroico, sublime, de sacrificio de los jóvenes cadetes, principalmente uno de ellos, quien supuestamente se envolvió en la bandera para evitar que ésta cayese en manos de los invasores.

No es un apego a la realidad, no es una cinta sobre política, la película hace una crónica falsa, abstracciones, de sucesos muy conocidos, de los cuales se tiene una representación mental, de lo que se podría intentar no saber nada, o bien, comprometerse para cambiar positivamente al país. Por ello es que en esta escenificación no hay un lugar seguro que dejará satisfechos a todos, porque proponga una solución, sino que se abrirá a cuestionamientos y análisis, al abordaje de la interpretación de algunas partes de nuestra historia y de un presente convulso y contradictorio.