La casa de la abuela (Parte 3)

Como a la media noche mi papá escuchó ruidos y salió al patio con un bate en mano para ver de qué se trataba

Por: Jesús Huerta Suárez

No vio nada raro, entonces se subió a una mesa y se asomó a la casa de la abuela y vio la reja de la ventana del baño tirada en el piso. No nos quisimos meter a la casa, no fuera a ser que fueran varios y nos atacaran. Luego recordamos que mi primo Edgar estaba por salir de la cárcel, así que pensamos que pudiera ser él el que entró por la ventana a la casa de la abuela que ya tenía meses abandonada, después de que la balacearon queriendo matar a mi primo. Ni modo, el Edgar estaba de vuelta. La tranquilidad en la que vivimos estos últimos seis meses terminó. No hay fecha que no se llegue y ni plazo que no se cumpla, y el primo andaba suelto de vuelta. Estos meses nuestras vidas habían vuelto a la normalidad estando él encerrado por golpear a su madre y por andar de malandrín vendiendo drogas y cosas robadas. Pero ya está de vuelta. Qué mala onda porque, la verdad, y aunque se oiga gacho, ni lo extrañamos, sino todo lo contrario. Ya estábamos en paz y, aunque ya no volvimos a la casa de la abuela, todo estaba mejor sin mi primo y sus compas merodeando por ahí. Dios guarde la hora otro ataque armado;pa’ qué te cuento….

Mi padre se metió de nuevo a la casa, pero no se pudo dormir pensando qué sería de nosotros con el Edgar a un lado. Una hora después de estar dándole vueltas a las ideas en la cabeza, mi padre y yo decidimos entrar a la casa de la abuela y ver en qué condiciones venía mi primo, pero ¡oh sorpresa! La persona que estaba cómodamente acostada en uno de los cuartos no era el Edgar. Nos salimos corriendo y le llamamos a la policía. Llegaron rápido y linternas en mano entraron a la casa, y fueron sobre el tipo que se había metido por la ventana y lo encontraron plácidamente dormido. De inmediato lo despertaron, al hacerlo se dieron cuenta que el tipo estaba drogado. Solo balbuceaba incoherencias y según el diagnóstico posterior de un médico, se supo que había consumido algún tipo de alucinógeno. En la casa todo estaba desordenado, y el supuesto ladrón se quedó dormido de lo pasado que andaba con un machete en la mano. Ya cuando despertó, en los separos de la Policía Municipal, el susodicho argumentó que estaba ahí ya que un amigo que había conocido en la cárcel le dio permiso de entrar a dormir las veces que quisiera.

— “Yo y el Edgar fuimos compañeros de celda, pero yo ya salí y él ya mero, y me dijo que aquí le cayera, que esta era su casa, por eso tumbe la ventana y me metí, pero no soy rata…se los juro”, y se echó a reír.

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