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¡Hasta la coronilla!

No sé ustedes, pero yo, estoy ¡hasta la coronilla!, ¡hasta la madre! de tanta porquería a mí alrededor. Estoy cansado; hastiado, harto, saturado, asqueado, de tanta y tanta basura y estupidez mundana. Harto de los mentados chats del WhatsApp no hacen más que estar compartiendo morbo, porno, chismes y tonterías para retrasados mentales y, lo peor, es que no solo lo hacen los jovencitos sino hasta los viejonotes pubertos que se niegan a vivir acorde a su edad.

Y, luego, las calles hechas pedazos, las paredes rayadas, las plazas destrozadas, los jóvenes drogados y los viejos ahogados en el alcohol y frustración, y de tantos y cada vez más buscando a como dé manera escapar de la realidad que, cual tarántulas gigantes los amenazan con engullírselos.

Jesús Huerta Suárez
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Y los muertos por docenas y los desaparecidos por cientos, y las fosas clandestinas y los policías inmiscuidos, y los adictos robando para escapar de la malilla, y los políticos de siempre en campaña para darse maña de agarrar hueso sin pudor alguno, en un Estado que agoniza por sexenios de corrupción impune e ineptitud descarada, y quieres olvidarlo y prendes la radio, y ahí están también hablando a diario y, cuando al fin ponen una canción, seguro es un reggaetón que envenena el ambiente con su letra caliente que invita a la fornicación. Es difícil vivir en este tercer mundo que corre para el cuarto, y en donde cada vez menos niños no podrán tener la fortuna de tener una infancia feliz porque son hijos de nadie o de alguien que no sabe ni cómo educarlos ni cómo amarlos, ni cómo sacarlos de la inmundicia en que se encuentran.

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Y volteas al cielo clamando por un poco de esperanza para tus momentos inciertos, pero nadie te escucha y te vuelves malvado, corajudo, envidioso, resentido, mentiroso y engreído y así es cómo ves al mundo y el mundo se convierte en un círculo vicioso entre el purgatorio y el infierno en la tierra, en donde las abuelas pelean la custodia de los nietos a sus hijas solteras que los maltratan drogadas y trasnochadas, y en donde el rico no comparte más que su soberbia y desprecio con el que menos tiene y quiere más. ¡Estoy hasta la coronilla!

Pero, a ver si ahora que la ira me ha colmado, comienzo a alimentarme de paz, dicha, amor, esperanza, bondad, la honestidad y la empatía.

Jesushuerta3000@hotmail.com