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Educación sin educar

Ni me apellido Contreras ni veo las cosas con pesimismo, sino que el paso por la vida ha mostrado que hay algunos temas en los que la terca realidad no nos deja mentir.

En el país, según las cifras oficiales, hay unos 30 millones de alumnos.

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En el país, según las cifras oficiales, hay unos 30 millones de alumnos.

Y de ellos, siempre de acuerdo a lo que desde el gobierno se informa, cuatro millones 780 mil 787 son de preescolar, en tanto que trece millones 972 mil 269, de primaria; seis millones 473 mil 608 de secundaria, y cinco millones 239 mil 675 de bachillerato.

Por supuesto, no fue un regreso a clases normal, en primer lugar, porque ahora los estudiantes van a aprender desde casa, ya sea por la Internet o por la televisión.

Las quejas no se hicieron esperar en el primer día. Muchos padres alegan que no podían conectarse y otros que los horarios de la televisión están desfasados entre la llamada TV abierta y la de paga, por lo cual cuando muchos ingresaron a los canales, la clase iba muy avanzada o bien ya había terminado.

A eso debe agregarse la diferencia de horarios entre Sonora y el resto del país, debido al llamado horario de verano.

Un dato curioso transmitido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) habla de que en México solo 44.3 por ciento de los hogares tiene computadora y 56.4 por ciento tiene conexión a internet.

Eso es parte de la desigualdad económica prevaleciente en el país. Muchos habitantes de colonias de la periferia o la zona rural carecen de medios para contar con computadoras o Internet. Si en ocasiones los gobiernos locales apenas y les llevan agua en pipa, mucho menos cuentan con energía eléctrica o bien viven en casas de cartón.

Quizá en Sonora el panorama no sea tan malo, pero no debe dejarse de lado que sí hay comunidades pobres, sin los servicios básicos. Uno a veces recorre zonas marginadas y aunque hay viviendas muy deficientes, siempre alcanza a verse una antena de televisión, de las normales e incluso de paga y nos preguntamos cómo le harán para subsistir y aún así “darse el lujo” de ver la tele.

Según instituciones internacionales como la ONU, la educación a distancia, con clases por televisión y en línea, deja a muchos alumnos atrás y hay un especial riesgo para aquellos muchachos con discapacidades, de comunidades minoritarias o desfavorecidas, los desplazados y refugiados y aquellos que viven en zonas remotas.

Con la pandemia, esas desigualdades tienden a incrementarse y representan un duro golpe a las aspiraciones educativas de muchos niños y jóvenes e incluso se habla de que pueden darse retrocesos en lo ya alcanzado durante las últimas décadas.

Las autoridades educativas piden a los padres organizarse de tal modo que al pequeño le parezca estar realmente en clase, pero jamás han hablado de un programa social que ayude a las familias a pagar los servicios de Internet o de la energía eléctrica ahora que todo el día se la pasan en casa ante la pandemia.

Es cómodo para los funcionarios desde el escritorio hablar de cumplir con las reglas por ellos diseñadas, pero existe plena seguridad de que jamás estuvieron en alguna comunidad para hacer un chequeo de que sí realmente se puede avanzar en las condiciones existentes.

Mientras a la educación se le siga considerando un complemento solamente de las políticas públicas y no como el eje central para el desarrollo de la nación, ninguna transformación, sea la cuarta o la centésima, podrá llegar a buen puerto.

México requiere más educación y menos videos de corrupción.

Comentarios: franciscogonzalez.bolon@gmail.com