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Diana necesita justicia

Hace un mes le fue arrebatada la vida a una joven llena de sueños; al sospechoso la autoridad no lo toca ni con el pétalo de un interrogatorio

A pesar de que se cuenta con una pista sólida en torno al autor del crimen de Diana Guadalupe Quiñónez Heras, hace un mes, en la Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora parece no avanzar el tiempo.

Los familiares y amigos cercanos a la muchacha de apenas 19 años de edad, con toda una vida por delante, han atado cabos y visto aspectos sospechosos en el desarrollo de las indagatorias, pero curiosamente la persona sobre la cual recaen las sospechas no ha sido tocada ni con el pétalo de un interrogatorio.

Francisco Gonzalez Bolon
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Los familiares y amigos cercanos a la muchacha de apenas 19 años de edad, con toda una vida por delante, han atado cabos y visto aspectos sospechosos en el desarrollo de las indagatorias, pero curiosamente la persona sobre la cual recaen las sospechas no ha sido tocada ni con el pétalo de un interrogatorio.

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Quienes conocen la vida de Diana saben bien que, a pesar de sus carencias afectivas infantiles, siempre luchó por superarse, al grado de que era una empleada muy profesional y honesta en su empresa, pero al mismo tiempo se seguía preparando porque quería superarse.

Seguramente en los expedientes sobre el feminicidio de Diana ha de aparecerse a cada momento el nombre de una persona que desde el momento del fallecimiento de quien él deseaba fuera algo más que su amiga, empezó a comportarse de una manera sospechosa.

Incluso hay quienes hablan que ese personaje, también de corta edad como ella, trabajador en reparto de alimentos, quería inducir a otro muchacho a conseguir un abogado por haber sido los primeros en descubrir el cuerpo inerte de la jovencita.

“Estás en problemas”, le sugería como para tratar de convencerlo de que tenía culpa, pero el jovencito siempre ha defendido su inocencia, por lo cual no tenía necesidad de contratar a un profesionista en litigios para defenderse, puesto que, indiscutiblemente, se sabía ajeno al crimen.

Los padres del sospechoso también trataron de amedrentarlo e incluso se habla de que hoy lo han “escondido”, aunque en realidad no necesitaban hacerlo porque los allegados a Diana creen que desde adentro de la Fiscalía puede haber alguien que lo está ayudando en este proceso, por lo cual no se le han dado muchos resultados a la familia, como por ejemplo el ADN obtenido de huellas posiblemente de su asesino.

¿Cómo es posible, se preguntan, que esa persona sabía exactamente quiénes estaban compareciendo ante la Fiscalía de Justicia y les hablaba para preguntarles cómo les había ido? Curiosamente, una de las convocadas a declarar ni siquiera a su novio o sus padres les había dicho que iría a esa cita y de todos modos ese personaje se había enterado.

Son muchas las sospechas en la actitud de esa persona que las autoridades investigadoras no han querido tomar en cuenta, como por ejemplo el que se había enterado que Diana estaría sola en su vivienda ese día en que fue asesinada.

Razones como el despecho por no ser correspondido en sus muestras de amor pudieran ser una de las causas como para llegar al asesinato. Pero pocos saben que a los ojos de los padres del muchacho, Diana era su novia, aunque en realidad solamente había sido aceptado por ella como amigo, casi como un hermano, pero no en otra calidad.

Ojalá que si en la Fiscalía de Sonora desean alcanzar credibilidad en sus actuaciones, vigilen bien este caso para que ningún servidor público intente, como casi siempre, torcer el rumbo de la procuración de justicia.

La memoria de Diana para no ser considerada solamente como una estadística mas de la violencia contra las mujeres, bien lo merece.

Comentarios: francisco@diariodelyaqui.mx