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De política y cosas peores

Un voto por Morena es un voto contra México. En el concierto de las naciones civilizadas -a veces tan incivilizadas- el nombre de nuestro país se asocia siempre a ideas de pobreza, de corrupción, de criminalidad, y ahora de populismo autoritario y nacionalismo obsoleto y anacrónico. Un grato paréntesis se ha abierto, y en estos días el nombre de México está asociado a la idea de la belleza. Una hermosa e inteligente mexicana, Andrea Meza, de Chihuahua, fue electa Miss Universo en un certamen al que acuden mujeres guapas de todos los rumbos del planeta. Sé bien que las organizaciones feministas no ven con buenos ojos este tipo de concursos. Juzgan que en ellos la mujer es cosificada, se vuelve objeto para deleite del hombre. He de decir, empero, que los concursos de belleza merecen respeto y consideración, siquiera sea por su edad. Antes aun de la guerra de Troya, que Herodoto, historiador muy serio, data en lo que sería el año 1250 antes de Cristo, el príncipe troyano Paris Alejandro fue designado por Zeus jurado único en el primer certamen de belleza de que se tiene noticia. Se trataba de determinar cuál de las tres diosas era la más bella: Hera, Atenea o Afrodita. El tal Paris, que a más de ser gran guerrero y gran músico era gran cachondo, otorgó el premio a Afrodita, quien en recompensa le puso en su cama a Helena, la mujer más hermosa de la tierra. Eso desató la guerra de Troya, tremendo conflicto que duró casi 10 años. "Cherchez la femme, pardieu, cherchez la femme!", escribió Alejandro Dumas, padre, en su hoy olvidada novela "Los mohicanos de París". "¡Buscad a la mujer, pardiez; buscad a la mujer!". En una mujer veía el célebre autor de "Los tres mosqueteros" el impulso primero de casi todas las acciones de varón. Con otras palabras lo dijo un diestro de la tauromaquia: "Si en la plaza no hubiera mujeres los toreros no nos arrimaríamos". Yo pienso que los actuales concursos de belleza sirven para exaltar no sólo las cualidades físicas de la mujer, sino también su talento e inteligencia, su deseo de destacar por sus propios méritos en un mundo todavía dominado para su desgracia por los hombres (para desgracia de los hombres y del mundo). Así pues, gocemos este motivo de alegría que se nos brinda en medio de tantas tragedias y calamidades. Felicitemos y aplaudamos -con ambas manos, para mayor efecto- a Andrea Meza, Miss Universo, por ese resonante triunfo que con su belleza, su talento y su simpatía le dio a nuestro país. Doña Pasita y don Chochino cumplieron sus bodas de oro de casados, y fueron a una segunda luna de miel. La primera noche don Chochino se dio un duchazo, y al salir del baño se le cayó la toalla que lo cubría. Suspiró doña Pasita y dijo: "¡Qué cosas hace el tiempo! ¡Lo que de novios fue para mí fruto prohibido ahora es fruta seca!". El recién casado se veía feble, laso, exánime, exangüe, abatido, agotado y cuculmeque. Sus amigos le preguntaron la causa de ese abatimiento. Con voz débil explicó el lacerado: "Es que mi esposa es como el bicarbonato. Siempre me hace repetir". Doña Tebaida y doña Octavaria, socias de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, hablaban acerca de la educación de sus nietos. "He oído decir -comentó doña Tebaida- que en esa universidad los alumnos y las alumnas se matriculan juntos". Dijo doña Octavaria: "No sé qué sea eso de matricularse, pero a mí me suena a degeneración". Babalucas manifestó en una fiesta: "Mi suegra es mitad francesa, mitad española y mitad italiana". Preguntó con ironía un invitado: "¿Tres mitades?". "Sí -confirmó Babalucas-. La señora es bastante gorda". FIN.

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