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Cuba revolucionaria

No le faltaba razón al profesor Miguel Ángel Castro Cosío, en julio de 2007, cuando en la presentación de uno de sus libros, declaraba que "hablar de Cuba despierta pasiones".

En su obra "Cuba Revolucionaria", el maestro dirigente nacional de la Ugocp describía cómo, a pesar de un brutal bloqueo, el modelo económico de la isla caribeña había resistido como ninguno esa opresión.

Francisco Gonzalez Bolon
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Hay quienes dicen también que esa embestida en contra de los cubanos, por el hecho de haber adoptado un régimen socialista, les fue fortaleciendo porque pudieron sacar la casta y convertir en ejemplo mundial sus áreas de educación, salud y economía, principalmente.

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Pero, como decía el profesor ugocepista, hablar de Cuba es un tema de nunca acabar porque hay quienes lo ven de modelo para muchas cosas positivas y, otros, lo ven como un país enemigo por sus ideales comunistas.

Pero, como quiera que sea, las recientes manifestaciones en contra del régimen cubano hacen ver que todo lo que comienza tiene un final. Y aunque todavía este tema tiene muchas páginas por delante, lo cierto es que una buena parte de los habitantes de la isla ya tienen deseos de convivir en otro tipo de régimen político y económico.

Debe tomarse en cuenta que si bien las políticas internas cubanas funcionaron muy bien desde la época en que Fidel Castro Ruz tomó en sus manos la conducción de la llamada Revolución Cubana, en 1953, a la par que se impuso un bloqueo económico desde Estados Unidos que fue superado en gran parte con el apoyo de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en las actuales condiciones, en que ningún país puede vivir aislado, ya no funcionan del mismo modo esas estrategias, mucho menos si la URSS ya ha desaparecido como tal.

Eso fue entendido incluso por la familia Castro, al grado de ir abriendo poco a poco algunas áreas de la economía cubana, con tendencia hacia al capitalismo, lo que representó un respiro para muchos cubanos en sus ansias de liberarse de un régimen que si bien no era rico, se distinguía por darle educación y salud gratuita a su población.

Pero hoy ya no puede sostenerse una economía que pueda mantener esas dos áreas con los impuestos porque no solamente la población ha crecido sino que las condiciones son muy diferentes y los países que se aferren a convertir al Estado en el eje de todas las áreas de un país, están condenados al fracaso, más temprano que tarde.

Ni el socialismo, con sus expresiones profundas de igualdad, ni el capitalismo salvaje, con su cauda de inequidad al distribuir la riqueza, han logrado hasta el momento acabar con la pobreza en los países del mundo.

Tampoco ambos regímenes han alcanzado una tasa cero en materia de corrupción, de tal forma que son unos pocos, los que están en el poder, los que gozan de las mieles de la vida, en tanto que el "pueblo" por el que dicen luchar, sigue hundido en la estrechez económica.

Cuba es ejemplo de justicia para su pueblo y solidaridad con el resto de las naciones, ha dicho también Castro Cosío, quien conoce a profundidad la lucha de los cubanos por mantenerse independientes.

Y no deja de estar en lo cierto porque en medio de sus carencias este país caribeño pudo compartir médicos y medicinas, aulas y maestros hacia otras regiones del mundo y eso no es tan fácil si se vive oprimido por un bloqueo económico mundial.

Pues ojalá y que las nuevas manifestaciones de descontento contra el régimen cubano no pasen de lo verbal para que no corra sangre en un pueblo que ya mucho ha sufrido y que siempre ha sido amigo de México.

Pero también habría que abogar porque Estados Unidos desaparezca el bloqueo contra la isla porque ya no son tiempos de que la voluntad de un país se imponga al resto del mundo. Dejemos que Cuba navegue con libertad los mares políticos que desee.

Si ya en el pasado su pueblo ha demostrado ser capaz de superar los obstáculos, con mayor razón si vive en un ambiente de armonía y sin hostilidades internacionales. Cuba ya es adulto. Hay que dejarlo ser.

Comentarios: franciscogonzalez.bolon@gmail.com