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Crisis, ¿cuál crisis?

Y mientras nos quejamos por lo difícil de la situación económica no nos damos cuenta de tantas cosas tan maravillosas que están pasando a nuestro alrededor

El sonar de la alarma me despierta a las 6 de la mañana, después de un estirón me dirijo al patio. La mañana está algo fresca. El canto de los pájaros suena alentador y me motiva a pensar que hoy será un buen día. Antes de leer el Diario vienen unos minutos de agradecimiento y oración enseguida de un sabroso chapuzón que me despierta el apetito. Mi refrigerador no tiene muchas cosas, pero al menos armé un sándwich de atún de ayer y verduras de hoy. Un gran vaso de agua de sabor me ayuda a pasar el bocado. Salgo a la calle y tengo un trabajo que me espera. Un trabajo que más que resolver mis necesidades económicas resuelve mis aprietos emocionales. Las calles me muestran sonrisas y también caras largas. Haciendo números me salen negros, al menos en cuanto a la calidez de la gente.

Llega la hora de la comida y en familia, los pocos que quedamos en esta ciudad y que aún no hemos tenido que salir a buscar ingresos a otros lugares como lo han tenido que hacer los demás, nos juntamos a brindar por el cumpleaños número 19 de una de mis sobrinas con quien tengo esos mismos 19 años conviviendo diariamente. Ahí me doy cuenta que comí de más, como siempre, pero me descubrí que con sólo la sopa de hongos hubiera tenido para quedar satisfecho.

 Mientras escribo estas letras, Miranda y su amiga María Inés se turnan para rasgar la guitarra mientras la otra baila libremente a mi lado. Los pájaros comienzan a llegar a sus aposentos en mi patio; la ansiedad me carcome por dentro, pues tengo varios pendientes que hacer en la calle antes de que se la hora para ir a caminar, mientras pienso en cosas superficiales de la vida y disfrutamos de una tarde nublada. Conforme esto sucede, tengo a unos amigos y sobrinos conectados a Internet que me saludan desde fuera de la ciudad y otros que me envían todo tipo de correos sobre superación personal, chistes, conocimientos científicos y de cientos de asuntos.

En la sala de estar las voces de las visitas se mezclan con el humo de los cigarrillos y mis cuatro perros me observan por la ventana en espera de que nuestras miradas se encuentren para moverme la cola. El viento ardiente que corre mueve las campanitas que cuelgan de los árboles. El calor intenso que estamos sintiendo al caminar nos ayuda a sudar toxinas de los pies a la cabeza más fácilmente.

Después de esa caminata sigue un baño rápido con agua helada y alistarme para ir a transmitir programa nocturno con la música que me gusta. Salgo a la calle de nuevo y un millón de estrellas me esperan en el cielo brillando intensamente para mi solito. Los años y las emociones me llevan a la cama que comparto con Soledad, quien me a acompañado por hace ya algún tiempo.

 La radio sigue sonando y las orquestas siguen tocando mientras anuncian la llegada del Presidente a la capital. Morfeo me domina y caigo en el limbo de la noche, mientras duermo, sueño con la crisis y al despertarme al día siguiente pienso: Crisis ¿cuál crisis?

Jesushuerta3000@hotmail.com