Comercio local y malgastar

Por: Redacción

“No le compro ni le vendo al chino” rezaba el mensaje escrito en las paredes o en las notas de algunos comercios de Sonora, allá por los años treinta. Esto debido a que los orientales asentados en nuestro Estado y en prácticamente toda la República, eran vistos como competencia desleal por los locales, además de considerarlos como portadores de enfermedades, avarientos, además de la repulsión que les causaba que se tumbaran por ahí después de fumar opio.

El caso es que la mayoría no los quería en México y aseguraban tener sus razones para echarlos e, incluso, asesinarlos, según han contado de generación en generación.

Ahora, aunque los años han pasado, de nuevo los chinos han generado el desprecio de muchos por su capitalismo salvaje, depredador, esclavista y, en este caso, por creer que ellos fueron los que propagaron este virus que ha costado miles de vidas y el descalabro comercial de muchos en el mundo, con fines monetarios. Solo Dios sabe si esto sea verdad, pero mientras son peras o son manzanas, creo conveniente tomar de ellos una característica positiva que los distingue: su solidaridad con su gente.

Hablando de esto, de la importancia de ser solidario con nuestros vecinos, hay que hacerlo si no por buena gente, sí por conveniencia; debemos de apoyarnos mutuamente. Lo necesitamos, más aquí en Sonora en donde las cosas se pondrán color de hormiga en cuanto a la economía.

Al respecto, he notado durante el tiempo en que me ha tocado vivir por algún tiempo en las ciudades de Guadalajara, Hermosillo y Mexicali, todas capitales de estado, pero, independientemente de eso, todas con un dinamismo económico muy interesante. En estos lugares me di cuenta que la gente es muy dada a emprender negocios o producir algo, aunque sean pequeños negocios. Y, al todos estar vendiendo algo, todos pueden estar comprando lo que permite que la economía no se estanque y comience a oler mal.

Ahora, si tomamos en cuenta por la situación que estamos pasando nos daremos cuenta de lo importante y necesario que es comprar en el comercio local; ahí en donde trabajan y de donde viven nuestros vecinos, amigos, familiares, hijos y conocidos. No se trata de ver las cosas con una visión “nacionalista” o “localista” trasnochada, y cerrada, sino de darnos cuenta que no nos puede ir muy bien si siempre estamos dejando nuestro dinero en empresas foráneas que de inmediato se llevan el dinero a otras partes de la ciudad o del mundo sin que aquí podamos aprovechar los beneficios de que los recursos se queden en nuestro municipio. Además, en nuestra tierra se producen gran cantidad de alimentos, sobre todo, de la más alta calidad y a los mejores precios. Por otra parte, la lección que esta pandemia nos puede dejar es aprender a dejar de estar gastando nuestro dinero en chucherías que ni siquiera necesitamos, como esa señora que, durante la cuarentena, su esposo descubrió que tenía doscientos pares de zapatos y ahora no tenían ni para comer. Uno debe pensar siempre en los imprevistos, sobre todo si tiene hijos. Ahorrar; sí, sé que es muy difícil, pero más difícil es andar por ahí con una mano adelante y otra atrás.

Estos son dos aspectos importantes que quisiera destacar y que esta crisis sanitaria nos debería dejar de lección, entre otras muchas: comprar en el comercio local; comprar lo que aquí se produce sin mucho regateo y dejar de mal gastar el dinero en baratijas que no nos sirven para nada, más que para llenar por unos segundos nuestro vacío existencial mediante el consumismo que tanto daña a la naturaleza y al bolsillo.

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