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Cócorit y su magia

Sus fundadores jamás avizoraron el sello tan distintivo que, como región, imprimiría siglos después el Pueblo Mágico

Quienes fundaron Cócorit, en 1617, jamás imaginaron que con el paso de los siglos esa comunidad seguiría como un sello distintivo de esta región.

A 405 años de que los misioneros jesuitas Andrés Pérez de Ribas y Tomás Basilio establecieron ahí una de las ocho misiones para albergar a los indígenas yaquis que comenzaban a ser evangelizados, Cócorit sigue como una comunidad viva, llena de aspiraciones y tradiciones que, seguros estamos, perdurarán por siempre.

Precisamente ayer, el Centro Cultural Cócorit y Casa Muñoz pusieron en marcha una Exposición de Nacimientos de América.

Muchos quizá puedan decir que una acción de esa naturaleza no corresponde precisamente a la historia cocoreña, pero habrá que decirles que este tipo de esfuerzos quisieran tenerlos muchas otras comunidades de mayor "alcurnia" cultural.

Durante el recorrido por cada uno de los escenarios de la muestra, nacionales o internacionales, se puede dar cuenta uno que detrás hay una historia importante qué contar debido al esfuerzo para tener, por ejemplo, en una cáscara de nuez, la representación del pesebre y sus ocupantes.

Es un reconocimiento tácito a la labor artesanal de México y otros 18 países del continente, que con cera, cartón, madera, barro, bronce, cristal e incluso cerdas de las crines de caballos pudieron elaborar sus obras de arte.

Son más de 250 pesebres que muestran el talento de la gente desde Alaska hasta Argentina, con diferentes elaboraciones, técnicas y materiales que identifican la cultura de cada comunidad y país.

Llama la atención el Nacimiento Mexicano, propiedad de Sergio Inzunza, quien desde temprana edad comenzó a elaborar o recolectar cada pieza de su villa navideña que todavía hoy no termina de construir, pues año con año le añade piezas de artesanos mexicanos de distintas latitudes o bien las que él alguna vez elaboró con sus propias manos.

Es, en suma, una colección que vale la pena admirar en la Casa Muñoz de Cócorit, en calles Ayuntamiento y Argentina, pues contiene no solamente piezas únicas y bien elaboradas sino historias que bien vale la pena conocer.

La exposición estará abierta al público hasta el 7 de enero, salvo los días 24,25 y 31 de diciembre y 1 de enero de 2023.

Aunque muchos a veces hemos visto con ojos críticos la presencia de muchas personas nuevas en Cócorit, habrá que decir en esta ocasión que bien vale la pena contar entre ellas a Beatriz Marina, Anabela o Jesús Rodolfo Bours Muñoz.

Los hermanos, hijos de don Enrique Bours y doña Beatriz o Tichi Muñoz, cumplen con gran entereza el legado de sus padres de contar con organizaciones gestoras del desarrollo social, que promuevan la profesionalización de las Organizaciones de la Sociedad Civil para mejorar la calidad de vida de los habitantes de las diferentes comunidades y regiones, a través de programas cada vez más eficientes, sustentables y con alto impacto social.

Sus áreas de interés, según la literatura sobre esas organizaciones, son educación, justicia social, medio ambiente, cultura y equidad de género y otorgan apoyos económicos para el desarrollo de proyectos sociales.

Ojalá pronto otras personas que han tomado a Cócorit como eje cultural pudieran aportar también su grano de arena para el engrandecimiento de esa comunidad y sus habitantes, pero que también las autoridades aporten lo necesario para contar con servicios y  calles de calidad que motiven a todo mundo a querer ir a ese lugar.

Y aunque no se tengan distinciones como el de ser un Pueblo Mágico, el solo hecho de contar con personajes valiosos que impulsan su avance, ya han creado en Cócorit la magia de saberse una comunidad única y excepcional.

Que así siga.

Comentarios: franciscogonzalez.bolon@gmail.com

Francisco Gonzalez Bolon