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A la madre

Madre, ahora que me lo preguntas, te diré que a veces pienso que este país en donde me diste la vida, no tiene remedio. A pesar de ser la nuestra una tierra tan bella y noble, como tú, madre, somos nosotros, los hijos, los que nos hemos quedado atrás. No estamos haciendo nuestra parte. No respetamos las leyes y las leyes no nos respetan. Sólo unos pocos pagamos impuestos y los que más deben, se las ingenian para no hacerlo. Y esa soga, la de los impuestos, aprieta cada día más y más, y sus beneficios son cada vez menos. No nos importa cuidarte y protegerte; hemos profanado con nuestra codicia y apatía cada centímetro cuadrado de tu extensión. Sin empacho alguno, hemos llevado y mantenido en las instituciones de gobierno más importantes a camarillas de incapaces y corruptos. Hemos decidido vivir entre la basura e inmundicia, siendo que tú nos enseñaste a ser limpios. De igual manera, madre, ahora nuestra mente y cuerpo sólo buscan la disipación sin freno por la usencia de valores que un día nos inculcaste. Tenemos ejércitos de hombres y mujeres abrazados al nihilismo, con los mismos brazos que un día te cubrimos. De tanto llorar hemos olvidado las canciones que nos enseñaste. Ahora, hasta el águila y la serpiente se han ido dejando un nopal, al cual ni por las tunas vamos. De nuestras raíces y pasado glorioso, nos hemos olvidado. Estamos solos en este mar de gente que va y viene con sus ojos puestos en la autocomplacencia. Hemos perdido el respeto a todo, incluso a nosotros mismos, de ahí la violencia que tiñe de sangre las calles y las manos de muchos. Es, madre, tan paradójico, que aquí casi nadie quiere trabajar, pero es tan difícil encontrar un trabajo con salario justo para la mayoría; un trabajo en donde el patrón no crea que porque te paga la raya tu vida le pertenece. El neoliberalismo nos estaba ahorcando y ahora este remedo de socialismo, nos llena de impaciencia que ya grita revuelta. Somos huérfanos en medio de un mundo que está perdiendo el equilibrio. Pero, madre, te juro que seguiré soñando y sudando para que mañana todo pueda cambiar.

Madre, de esta tierra me quedo con sus colores; sus paisajes; sus obras y tradiciones; con su sabor y sus capullos; las letras y los moldes; con el sudor de las manos que trabajan; con el arte, los mares y sus canciones, y con tu memoria en este corazón mío.

A la madre
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“Madre, ¿crees que me quieran romper la pelotas?” Pink Floyd

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Jesushuerta3000@hotmail.com