El nuevo año "está en manos de Dios": obispo Felipe Pozos

Iniciar el 2026 con esta certeza puede brindar tranquilidad ante las aparentes incertidumbres, afirmó

Este 1 de enero la Iglesia también celebra la jornada mundial por la paz.
Este 1 de enero la Iglesia también celebra la jornada mundial por la paz.

La única certeza al comenzar un nuevo año es que todo lo que ocurra en los próximos 12 meses estará en las manos de Dios y bajo la mirada de la Virgen María, afirmó monseñor Felipe Pozos Lorenzini al presidir la última misa del año 2025 en la Catedral.

Ante más de mil quinientas personas que se dieron cita en la celebración, el obispo de la Diócesis de Ciudad Obregón señaló que, al concluir un año, es parte de la condición humana hacer un recuento de las crisis y problemas vividos; sin embargo, destacó que también es una grandeza saber reconocer los dones recibidos de Dios.

En el marco de la solemnidad de María, Madre de Dios ,

, celebrada en el calendario litúrgico el 1 de enero, Pozos Lorenzini expresó que durante 2025 Dios caminó junto a cada persona, tanto en los días soleados como en los grises; en aquellos momentos en los que todo parecía brillar, pero también en los que no se encontraban respuestas.

Respecto a quienes perdieron a un familiar o ser querido durante el año que concluyó, los invitó a vivir con la certeza de que estas personas "celebraron la Navidad en la patria celestial" y a agradecer la vida y el legado que dejaron, aun cuando su partida haya causado dolor.

"Iniciamos y terminamos el año bajo la mirada de María. Debemos tener la confianza de hablarle a la Virgen de nuestras fallas y fracasos, y pedirle que los sumerja en el océano de la misericordia de Dios", enfatizó.

Reiteró que el Señor, que cuida de quienes ama en todo momento, seguirá acompañando y caminando junto a quienes creen en Él durante el año que recién comienza.

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INVITACIÓN A BUSCAR A DIOS DE MANERA MÁS FRECUENTE 

Asimismo, invitó a la feligresía a no alejarse de Dios y a buscarlo de manera constante en la oración, en la Eucaristía y en el hermano que más lo necesita, mediante gestos de cercanía que lo hagan sentirse acompañado.

Antes de concluir la misa e impartir una bendición especial, el obispo rezó el Te Deum, una oración solemne que se reza o canta para agradecer públicamente a Dios por un beneficio importante.

Es tradición de la Iglesia entonar este himno en las celebraciones del último o primer día del año, como lo hizo el Papa León en la Basílica de San Pedro la tarde del 31 de diciembre.