La detección precoz del Alzheimer atraviesa un momento importante gracias a los avances en biomarcadores sanguíneos.
Se sabe que más de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo, y las proyecciones indican que se alcanzarán los 139 millones para 2050, de ahí el hecho de que la posibilidad de anticipar el diagnóstico abre nuevas oportunidades de prevención, tratamiento y medicina personalizada.
La enfermedad de Alzheimer representa entre el 60% y el 70% de los casos de demencia. Tradicionalmente, su diagnóstico se basó en la aparición de síntomas cognitivos y en estudios invasivos o costosos. Actualmente, la ciencia busca identificar la patología mucho antes, incluso en fases silenciosas, cuando aún no hay manifestaciones clínicas.
BIOMARCADORES EN SANGRE: UNA ALTERNATIVA MENOS INVASIVA
Estudios recientes publicados en "Nature" destacan el potencial de la proteína p-tau217 plasmática como uno de los biomarcadores más prometedores para detectar el Alzheimer en etapas tempranas.
Investigaciones lideradas por expertos de las universidades de Gothenburg y Wisconsin-Madison señalan que este indicador refleja procesos neuronales asociados a la neurodegeneración.
Las nuevas tecnologías permiten detectar en sangre concentraciones mínimas de moléculas vinculadas al daño cerebral. Además, la medición combinada de p-tau217 y beta-amiloide 1-42 ayuda a inferir la presencia de placas amiloides, uno de los rasgos característicos de la enfermedad.
Esto acerca el diagnóstico al entorno clínico habitual y reduce la necesidad inicial de punciones lumbares o estudios de neuroimagen complejos.

DIAGNÓSTICO PERSONALIZADO Y NUEVOS HORIZONTES TERAPÉUTICOS
Investigaciones publicadas en JAMA Neurology demostraron que ajustar los valores de referencia de los biomarcadores según características individuales, como obesidad, anemia o enfermedad renal, mejora la precisión diagnóstica y reduce costos. Este enfoque refuerza la importancia de la medicina personalizada en Alzheimer.
Más allá del diagnóstico, los biomarcadores permiten monitorear la progresión de la enfermedad, seleccionar pacientes para ensayos clínicos y evaluar la respuesta a tratamientos, incluidos los anticuerpos monoclonales.
Nuevas líneas de investigación, como el estudio de la proteína TSPO vinculada a la neuroinflamación, indican que los cambios cerebrales comienzan décadas antes de los síntomas.





