Canciones, series, caricaturas, juguetes y rutinas de la infancia se han convertido en más que simples recuerdos para millones de jóvenes de la Generación Z. Para muchos, volver mentalmente al pasado funciona como un refugio emocional que ayuda a organizar emociones, reducir el estrés y generar sensación de seguridad frente a un presente percibido como acelerado e incierto.
LA NOSTALGIA COMO REGULADOR EMOCIONAL
Investigaciones del profesor Constantine Sedikides, de la Universidad de Southampton, y del psicólogo social Clay Routledge, de la Universidad Estatal de Dakota del Norte, muestran que la nostalgia cumple una función clara: recuperar sentido, conexión y estabilidad cuando el presente se vuelve abrumador.
Sedikides define la nostalgia como "una mezcla de calidez afectiva, conexión, autoestima y un leve dolor por lo perdido". A diferencia de generaciones anteriores, en la Generación Z este sentimiento es constante, no aparece solo en momentos puntuales.
QUÉ BUSCAN LOS JÓVENES AL REGRESAR AL PASADO
El regreso mental a la infancia no se limita a objetos o programas, sino a lo que representaban:
- Rutina.
- Cuidado y atención recibida.
- Menor carga de responsabilidades.
Los jóvenes perciben su entorno actual como rápido, demandante e incierto. La presión académica y laboral, la sobreexposición digital y la comparación constante generan desgaste emocional, lo que hace que los recuerdos del pasado funcionen como un punto de orden y estabilidad.
EL IMPACTO DE LA PANDEMIA
El fenómeno se intensificó tras la pandemia de COVID-19, cuando se rompieron rutinas y certezas. La nostalgia se volvió un recurso emocional para restaurar sensación de control y significado, según explica Routledge en su libro Nostalgia: un recurso psicológico. Para muchos jóvenes, la niñez se percibe como un periodo seguro donde otros se encargaban de las responsabilidades, ofreciendo un contraste con la presión actual.
VULNERABILIDAD DE LA GENERACIÓN Z
La psicóloga estadounidense Jean M. Twenge describe a la Generación Z como "la generación físicamente más segura, pero mentalmente más frágil". El aumento del tiempo frente a pantallas se relaciona con mayores niveles de ansiedad, depresión y sensación de soledad, lo que hace que los recuerdos del pasado se conviertan en un ancla emocional.
LA NOSTALGIA EN LA CULTURA Y EL CONSUMO
La conexión con el pasado se refleja en tendencias digitales y culturales. En plataformas como TikTok, Instagram y YouTube abundan filtros retro, playlists nostálgicas y recreaciones de rutinas escolares. Además, objetos como cámaras Polaroid, reproductores de casete, walkman y consolas antiguas han vuelto a popularizarse.
Estudios publicados en el Journal of Consumer Research indican que la nostalgia fortalece la conexión social y reduce la sensación de aislamiento, explicando por qué medios, marcas y creadores recurren constantemente a ella.
CUÁNDO LA NOSTALGIA DEJA DE SER ÚTIL
Los especialistas advierten que la nostalgia es positiva solo cuando se visita de forma temporal. Permanecer demasiado en el pasado puede paralizar al individuo, idealizando lo vivido y generando frustración o estancamiento. Según el psicólogo Guillermo Andrés Cano, "la nostalgia no es mala, pero si domina, necesitamos herramientas para avanzar".




