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Las llamas del hambre

Aunque no es un dragón, echa fuego por la boca, un oficio que le permite, compaginando con otras labores, ganarse la vida

Con más de la mitad de su vida dedicándose a "tirar fuego", Juan Antonio no se ve en un empleo formal, pues como "dragón" trabaja a su ritmo y en el horario que prefiera.

Las llamas del hambre
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En el crucero del boulevard Progreso y calle Reyes al norte de Hermosillo, se le puede observar desde las 16:00 hasta las 22:00 horas, aunque en ocasiones también cumple con una jornada matutina.

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De complexión delgada y piel morena, Juan Antonio dice que ha dedicado 16 de sus 26 años de edad a esta actividad, con breves lapsos como ayudante de albañil o "chalán" como él mismo se autodenomina.

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"He trabajado de albañil, haz de cuenta de chalán, pero poquitos días; siempre lo mío ha sido tirar fuego desde que estaba morrito", comenta este joven hermosillense que vive con su mamá en el fraccionamiento Los Ángeles a pocos metros del lugar donde desarrolla su actividad.

Juan Antonio explica que trabaja a "ratitos" para sacar unos 200 o 300 pesos con una inversión que va de los 20 a los 50 pesos de diésel.

Sin embargo, en un buen día puede sacar hasta 600 o 700 pesos en jornada quebrada, un rato por las mañanas y otro por la tarde. Él no considera que un día sea malo porque con los años que tiene dedicado a tirar fuego obtiene lo necesario para cubrir sus necesidades y ayudarle a su madre.

Este “dragón” hermosillense estuvo casado y reconoce con tristeza que el consumo de drogas, de todo tipo, lo llevó a separarse de su esposa.

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"Desde que me separé he consumido más, antes de casarme con ella también lo hacía, pero desde que salió embarazada dejé de consumir en ese tiempo y desde que nos separamos he consumido de todo", comenta.

Después de un breve descanso, en cada cambio se semáforo Juan Antonio vuelve a plantarse frente a los automóviles a lanzar llamas con su boca, incluso realizando piruetas, una actividad peligrosa, pero que en 16 años solo ha tenido un percance en una ocasión que fue atropellado por un auto, aunque sin mayores consecuencias.

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