buscar noticiasbuscar noticias

Semana Santa al desnudo

PUBLICIDAD

Después de destazar la res con una habilidad sorprendente, hicieron carne asada para todos; dieron algo de las tri­pas a los perros, y partes, como la cabeza y la cola, las enterraron y las cocinaron a fuego lento. En un par de horas esta­ba un ranchero, raspando por dentro el cráneo con una cuchara hasta sacarle el último pedazo de los sesos, alegando que era lo más sabroso del animal.

PUBLICIDAD

Después del macabro festín, los ni­ños nos fuimos al represo a jugar y a tirar piedras para hacer “patitos” en el agua. La orden era que regresáramos a casa en cuanto comenzara a caer el sol, y ya nos esperaban para darnos a los más chicos el acostumbrado baño a jicarazos antes de dormir.

Cuando llegó mi turno, me quitaron la ropa y me pasaron al frente en donde estaba mi madre con una cubeta llena de agua tibia. Fue en ese momento en que sentí vergüenza por primera vez de que me vieran desnudo. De inmediato me tapé el pajarito con una mano y las nalgas con la otra. Llorando, molesto, le dije a mi madre que no quería bañar­me y me escabullí para irme a poner la pijama, empapado como estaba. Desde entonces no volví a dejar que me baña­ran, y menos en público.


PUBLICIDAD