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La condena de morir sin ser identificado

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Al día de hoy no hay un diagnóstico certero y las instituciones continúan sin trabajar de manera homologada y coordinada, sin la tecnología necesaria para dar respuesta a esta emergencia.

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A lo largo del país, quienes buscan a algún familiar se enfrentan a instituciones anquilosadas y a la falta de voluntad política para ayudarlos; han tenido que aprender cuál es ese camino burocrático a seguir para buscar a un ser querido, cargando en muchas ocasiones con el doloroso peso del fracaso.

En la Ciudad de México, los cadáveres de personas que no pudieron ser identificadas por las autoridades o reclamadas a tiempo por algún familiar o amigo se entregan a escuelas de medicina con fines de docencia e investigación.

De hecho, decenas de personas terminan en algún anfiteatro escolar y, eventualmente, en la fosa común, a pesar de ser buscadas.

Morir en México y no ser inmediatamente identificado o reclamado por familiares o amigos equivale a una “condena” para el cadáver, que puede ser donado a alguna escuela de medicina o puede permane

cer mucho tiempo en una morgue, que suelen estar saturadas,

para finalmente acabar en la fosa común.

 


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