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Alberto Flores Urbina

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Estudió en la escuela primaria Clotilde Flores, de Cócorit, y la secundaria en la Manuel Robles Tovar, de Esperanza.

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Según los historiadores, en plena adolescencia decide tomar el camino del sacerdocio y estudió en el seminario de Culiacán, Sinaloa, y después pasó al de Guadalajara, Jalisco, para luego internarse en el de Hermosillo, donde, al termi­nar los estudios de Filosofía, en diciembre de 1963, decidió abandonar la carrera al servicio de Dios, etapa de su vida du­rante la cual recibió una sólida formación humanista.

En 1964 regresó a Cajeme y comenzó su labor como profesor de la escuela secundaria y la preparatoria del Instituto Tec­nológico del Noroeste (ITNO), hoy Itson.

Se iniciaría así una vida que le llevaría a destacar como un fuerte impulsor de la educación sonorense, al grado de llegar a ser Secretario de Educación del gobierno del Estado y se convertiría en forjador de gene­raciones de maestros y políticos, a su paso por instituciones de las cuales fue fundador, como Cesues, Instituto Tecnológico Superior de Cajeme (Itesca), Colegio de Bachilleres Uno, Conalep, Universidad Tecno­lógica del Sur de Sonora, entre las principales.

Pero a pesar de su grandeza dentro de la educación, Flores Urbina jamás perdió la humil­dad ni sus orígenes y siempre en vida luchó por mejorar las condiciones de su tierra natal, una comisaría en la cual perma­nentemente se le veía para reunirse con sus amigos de la infancia, con los cuales compar­tía su afición y talento por la música.

Por eso, el haber nombrado una naciente escuela primaria con su nombre, orgullo que com­parten su esposa María Flora Chong Muñoz y sus hijos Al­berto y Clarissa Flores Chong, parece solamente la devolución de una mínima parte de lo que el maestro hizo por la educación sonorense.

Hacen falta hoy en día más personas enamoradas de la educación. En lo personal, junto a él sólo recuerdo al licen­ciado Eduardo Estrella Acedo como impulsor de muchas ac­ciones para que los sonorenses, y en especial los cajemenses, disfruten hoy en día del nivel académico que tanto se presu­me allende las fronteras.

Así como este espacio mu­chas veces se dedica a la crítica de acciones negativas, hoy es preciso hacerlo en favor de la grandeza de un hombre que daba todo por el sector edu­cativo y dejó como legado una gran cantidad de instituciones y personas trabajando por ese renglón tan importante para el desarrollo de los pueblos.

Muchos cocoreños están seguros de que Flores Urbina habría defendido también la permanencia de la escuela primaria Cámara Jr., de la cual fue promotor en sus inicios, al igual que de escuelas particu­lares como Epuco o Epues, y por ello le están agradecidas generaciones enteras.

Honor a quien honor merece y Alberto Flores Urbina se lo ganó a pulso durante su fructí­fera existencia.

Para comentarios:

francisco@diariodelyaqui.mx


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