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A fuego cruzado

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Las pruebas están a la vista; a diario, todos y cada uno de los periódi­cos y noticieros a lo largo y ancho del territo­rio nacional lo reportan.

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Es como si la maldi­ción de la Malinche se cerniera cada vez con más fuerza sobre nosotros, y es que México es un gran botín para todos ellos, por una parte, y, por otro lado, hemos sido una sociedad muy permisiva respecto a las acciones de las autoridades, y, en muchos casos, nos hemos hecho cómplices de los partidos, gobiernos, mafias y demás fuerzas que nos constituyen.

Lo que nos pasa es como un círculo vicioso en donde nos corrompemos porque no nos alcanza para el gasto básico y no nos alcanza el gasto porque nos corrompemos.

También, pasa que los gobernantes en turno se las han ingeniado a base de cañonazos de billetes para comprar congresos, cámaras, plumas, jueces, concien­cias, contralores y fiscales anticorrupción que les permiten tener las arcas abiertas de la na­ción para su uso discrecional, y, gran parte de los recursos se van a sus bolsas, mientras que otros tantos se pierden en sus incapacidades de gestión de la obra pública, y lo que queda, es lo que el dueño de los recursos, nosotros, recibimos vía servicios públicos y desarrollo social, entre otras actividades de gobierno, y no es lo suficiente, ni lo adecuado, basta con ver las calles de nuestro Estado, el mal suministro de medicamentos en los hospitales y la falta de equipamiento en las escuelas, por poner tan solo unos ejemplos.

En esta guerra no nos está yendo nada bien, y no se auguran buenos tiempos porque los contrarios al go­bierno actual de la república, están atacando duro y no se detendrán, y el Presidente y su gabinete no parecen estar dando pie con bola, se sienten improvisados, desfasados y obtusos en muchos de sus planteamientos, aun contan­do con la mayor aprobación que algún gober­nante haya tenido y con los millones de votos que lo llevaron a la presidencia, no se garanti­zan resultados satisfactorios. Y, mientras las autoridades le siguen buscando la cuadratura al círculo, la artillería pesada del crimen organizado no cesa, ni el de las “mafias del poder” y nexos y similares.

¿Qué hacemos? Quizá nos sirva de escudo llevar a la práctica aquella propuesta de un ciudadano venido a político, Manuel J. Clo­uthier : tanta sociedad como sea posible y solamente el gobierno que sea necesario, y ahí, en nuestra responsabilidad como sociedad tendremos, entre otras cosas, que dejar de ser cómplices de los otros fuegos que nos están atacando.

“Yo soy el que manda soy fuego cruzado, protejo la línea del capo de capos” Jesús Vir­lan Baez


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