buscar noticiasbuscar noticias

Gobierno cubano: de negar internet a enriquecerse con él




Luego, durante 2008, y después de asumir dos años de presidencia interina, Raúl Castro se convertía en el nuevo gobernante del país. Y, aunque luego ejecutaría una gestión igual de autoritaria y dictatorial que la de su predecesor, tuvo al menos la prudencia de intentar aflojarles un poco el día a día a los cubanos con una serie de reformas socioeconómicas que pusieron fin a algunas de las prohibiciones del gobierno anterior.

Una de las indulgencias del gobierno de Raúl Castro fue colocar antenas inalámbricas con conexión a internet en las principales plazas públicas del país. En 2015 por primera vez, sentados en aceras o recostados en árboles, los cubanos pudieron navegar en una red pública. Al cierre de ese año, 31.2% de los cubanos estaban conectados.

Para 2015 el uso de internet ya no era un lujo, sino una necesidad humana, pero Cuba estaba aún en el pequeño saco de naciones donde internet era (y sigue siendo) una cuestión prohibitiva. El miedo al tráfico de información, a la interrelación, a la ingobernabilidad, a la gestación de un universo paralelo donde cada individuo es capaz de expresarse y hacerse escuchar, aterró por años al gobierno cubano.

Darle internet a sus ciudadanos suponía emplazarse ellos mismos. El paisaje distópico de la realidad cubana quedaría al desnudo. No obstante, no les quedó de otra que tragar en seco y dar el paso, su propio performance de país en democracia los traicionó. Tras las antenas wifis en las plazas públicas llegó la instalación de la red en hogares de barrios seleccionados en 2017, y la tecnología 3G y 4G a los teléfonos celulares en 2019.

Según el informe digital 2020 de la agencia We Are Social en conjunto con la plataforma Hootsuite, 7.1 millones de cubanos acceden hoy a la red, lo que representa 63% de la población.

Cuba está más conectada y es cierta la intención del actual presidente, Miguel Díaz-Canel, y su gabinete de potenciar el acceso a internet en la isla. Pero el propósito ha sido, como de costumbre, un juego de números. Los dirigentes cubanos de nueva generación siguen cumpliendo al dedillo con el manual de estilo de marketing político de Fidel Castro: generar una cortina de cifras para trastocar una verdad.