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De política y cosas peores

Dice un antiguo tango que la historia vuelve a repetirse. Las primeras incursiones expansionistas de Hitler se fincaron en la debilidad y tolerancia

No fueron una ni dos. Fueron tres las veces que el enamorado novio le mostró pasión a su flamante mujercita la noche de las bodas. Sin ropa, como estaban, se entregaron los dos al sueño, poseídos por el dulce sopor que sigue al amor bien cumplido. A la mañana siguiente ella despertó, vio a su maridito y se echó a llorar desconsoladamente. El galán abrió los ojos al escuchar el llanto de su dulcinea, y le preguntó con inquietud: "¿Qué te pasa, amor mío? ¿Por qué lloras así?". Señaló ella la entrepierna de su desposado y exclamó llena de aflicción: "¡Anoche nos la acabamos toda"!". Aquel joven judío había estudiado piano desde niño. Su mamá quería verlo convertido en otro Horowitz, otro Rubinstein, otro Barenboim. Sin embargo, para consternación de la señora, al llegar a la adolescencia el muchacho decidió ser músico de rock. Para el efecto fue con un sastre a fin de que le confeccionara un atuendo propio para el caso. Le indicó: "El pantalón lo quiero tan ajustado que se note el sexo al que pertenezco". Le aseguró el sastre: "Tan ajustado te lo haré que se notará incluso la religión a la que perteneces". Don Vetulio, senescente caballero, casó con Pirulina, muchacha en flor de edad. Al empezar la noche nupcial el añoso señor la preguntó a su joven desposada: "Dime, mujer: ¿eres virgen?". "¿Por qué me lo preguntas? -replicó ella con desparpajo-. ¿Vas a necesitar esta noche algún milagro?". Yo tengo teorías sobre casi todo, y prácticas sobre casi nada. He arriesgado hipótesis sobre por qué las golondrinas hacen sus nidos como los hacen, acerca de la causa por la cual botan las pelotas, y para determinar los motivos -son varios- que originan que el agua del mar sea salada. Hoy propongo una tesis tendiente a explicar la invasión de Ucrania por Putin. Dice un antiguo tango que la historia vuelve a repetirse. Las primeras incursiones expansionistas de Hitler se fincaron en la debilidad y tolerancia con que las vieron las naciones de Europa occidental, especialmente Francia e Inglaterra. Esa actitud obsecuente condujo a que el dictador nazi se engallara y se arrojara luego a invadir Polonia, lo cual provocó inevitablemente la Segunda Guerra. Pienso que Putin osó lanzarse contra Ucrania porque vio en Joe Biden a un presidente débil, enemigo de conflictos, temeroso de enfrentamientos militares, según se vio cuando ordenó la retirada de las fuerzas que su país mantenía en Afganistán. Séame permitido comparar a Biden con un timorato profesor que se ve de pronto ante un pandillero con el desnudo torso y los brazos tatuados, la actitud agresiva, y en las manos una cadena o una navaja. Nomás de imaginarme en esa situación, yo, que soy también un profesor timorato, me echo a temblar como azogado. Debió Biden plantarle cara a Putin desde el principio; decirle en modo diplomático, pero con los cojones por delante: "Conmigo te jodes, desgraciado", y reunir a sus aliados para formar un frente común, de modo que el tirano ruso tuviera que pensar  dos veces las cosas antes de aventurarse a llevar adelante una empresa de claro tinte imperialista. Aquí se necesitaba un huevudo Churchill o un hábil y decidido Roosevelt, no un pusilánime y despistado Chamberlain. Pero, como lo dije ut supra, esto es teoría. En la práctica las cosas son muy diferentes. Al tratar cosas de política internacional no quiero parecerme a la mamá de aquel presidente municipal de un pequeño pueblo del norte de mi estado. Cuando se enteró del asesinato de Kennedy la angustiada madre tomó al punto el teléfono y le pidió con voz llorosa al fruto de sus entrañas: "¡Cuídate, hijito! ¡Están matando presidentes!". FIN.

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