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Tribu Yaqui, dueños de nada

Pertenece a la Tribu Yaqui la mitad del almacenamiento de "La Angostura", pero no tienen siquiera agua potable en sus viviendas

Aunque irónica e históricamente la Tribu Yaqui ha sido dueña de gran parte del Río Yaqui, por décadas sus habitantes han carecido de agua potable, tanto para las necesidades básicas como cocinar o bañarse, hasta las actividades mayores, como la agricultura y la ganadería.

"A veces sube el agua a los grifos, otros días no sale absolutamente nada, cuando hay flujo aprovechamos para llenar tambos y poder usarla para lavar trastes y el baño", afirma Eduardo Franco Ibarra, habitante de Loma de Guamúchil.

Tribu Yaqui, dueños de nada

De acuerdo a estudios del investigador del Itson en Ciencias del Agua y Medio Ambiente, Rodrigo González Enríquez, el suministro del líquido hacia las comunidades yaquis es a través de pozos, los cuales presentan contaminantes químicos como fierro y manganeso, cuyos estándares sobrepasan 10 veces más a lo permitido, mientras que de plomo y arsénico tienen entre 3 y 5 veces más de material establecido para el consumo humano.

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Cuando se firmó el decreto de Lázaro Cárdenas (1940), dijo, se creó la Presa "La Angostura" y se acordó dar el 50 por ciento de su almacenamiento a los yaquis, así como el hídrico que no almacena la presa (aguas libres o broncas), señaló.

Sin embargo, incumplieron al entregarles solamente 250 millones de metros cúbicos anuales, cuando la cantidad justa debería ser de 450 millones de metros cúbicos.

"Las personas que tienen más recursos son las que pueden comprar agua purificada, las demás consumen agua de mala calidad y para que salga de la llave se suministra por cada hora, para cada sector", expuso Gerónimo González Valenzuela, habitante de Vícam pueblo.

María Trinidad Ruiz Ruiz, coordinadora del Centro de Culturas Populares e Indígenas de Cajeme, afirmó que esta situación provoca enfermedades de la piel, gastrointestinales y parásitos en el estómago.

"La falta del líquido es un problema tremendo y exagerado, la gente almacena la poca agua a la que tiene acceso como puede y en su mayoría termina consumiéndose en condiciones insalubres", manifestó.

Además de sufrir por el limitado acceso de agua potable, se suma la sequía que permanece en el Estado de Sonora, por lo que la socióloga hace un llamado a los tres niveles de Gobierno para que garanticen el abastecimiento del recurso hídrico a los poblados y comunidades yaquis.

UN ACUEDUCTO

Una esperanza de disfrutar lo que por derecho ancestral e histórico les pertenece, se abrió cuando Adelfo Regino Montes, director general del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), prometió la construcción de un acueducto para suministrar de agua a los ocho pueblos yaquis a través de la Presa Álvaro Obregón "Oviáchic".

El ducto tendrá una longitud aproximada de 150 kilómetros y su construcción comenzará en septiembre del presente año para concluir aproximadamente en 2023.

Antes de septiembre realizarán trabajos técnicos para proyectar la toma de agua de la Presa "El Oviáchic", según informó el director del INPI.

De acuerdo a información de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), se mencionó que se tiene proyectado el abastecimiento de 6 a 9 millones de metros cúbicos de agua de calidad para las comunidades yaquis.

Arnoldo Morales Ramírez, presidente de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) en pueblos yaquis, dijo que ellos se encargarán de la construcción de redes de drenaje y agua potable, una vez se construya el acueducto.

Recientemente, el Ayuntamiento de Cajeme invirtió en el mejoramiento del suministro para comunidades yaquis, pero todavía no se ven del todo los resultados de la inversión, según dijeron los habitantes de Estación Corral, Tajimaroa y otras poblaciones.

Sin embargo, la gran mayoría de los habitantes de la Tribu Yaqui no celebra la buena noticia del acueducto, hasta que sea un hecho y el regreso de recursos o apoyos por parte de Gobierno y particulares, no representa ni la mitad de lo perteneciente a la tribu.

La doctora Cécile Gouy-Gilbert, egresada de las universidades de Grenove y de la Sorbonne-París, al dedicar cinco años al estudio de los yaquis, desde 1983, afirmó que antes se podían regar 23 mil hectáreas, mientras que la superficie irrigable es de casi 120 mil hectáreas, cantidad que en la actualidad parece disminuir.