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Paga crímenes con su vida, pero hoy concede milagros

Cuenta la leyenda que, antes de ser ejecutado, se arrodilló e hizo una promesa para después de su muerte

Faustino Morales, "El Obras Finas", tiene su tumba en Bácum, y diariamente es visitada por gente que cree en él y en sus milagros, tal como lo dijo antes de ser ejecutado.

Paga crímenes con su vida, pero hoy concede milagros

Ubicada en el margen derecho del Río Yaqui está Bácum, donde sus habitantes tienen fuertes raíces y costumbres propias de la etnia yaqui, pues fue ahí donde la evangelización de los primeros jesuitas cumplió el propósito de la fe en Dios y en sus santos, hasta hoy.

En Bácum se venera a Santa Rosa de Lima, en un templo que data de la Colonia erigido en su honor y que hoy se conserva inmaculado.


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Un día, 13 de mayo de 1913, la tranquilidad de ese poblado cambió cuando un grupo de la Policía Montada, llamada La Cordada, arribó. Venían desde Culiacán en persecución de un tipo al que se le imputaban varios delitos, como el homicidio de su madre, suegro, esposa e hijos.

Por el hecho de la aprehensión, se cumplió la sentencia: Faustino Morales fue colgado de un árbol de los llamados guacaporos y, como lo ordenaba la misma sentencia, su cuerpo no debería ser descolgado.

De este hecho, sucedido hace 109 años, hoy queda una tumba que se ubica por un camino de terracería, al que se accede llegando por libramiento carretero y metros antes de llegar a la comisaría de Bácum. Se vira al poniente unos 800 metros.

En el lugar, los visitantes podrán notar que al margen de este camino hay una tumba que pareciera reciente, lo cual se debe a que en bondad de quienes han sido beneficiados, se ha renovado el lugar.

Se sabe que al colgado, primero se le depositó a la usanza yaqui y, posteriormente, una familia de agricultores de Bácum que emigró a Ciudad Obregón se convirtió en su benefactora.

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PRIMERA TUMBA

Se sabe que la primera cripta que recibió, perteneció a esta familia y que tal vez por alguna gratitud, le fue regalada y solo se le cambiaron las inscripciones por las de: Tumba de Faustino Morales, "El Obras Finas".

También se podrán apreciar algunas veladoras nuevas que diariamente son depositadas por personas que en este personaje hoy mantienen una fe viva y centenaria.

El perseguido, al que posteriormente se le conocería como "El Obras Finas", por el tipo de milagros que concede, los cuales consisten, entre otras cosas, en la localización de objetos de valor y personas perdidas.

A decir de los habitantes de Bácum, tanto los objetos como las personas son encontrados en lugares inimaginables.

Según lo explica el libro Monografía del Pueblo de Bácum, escrito por la profesora María de Los Ángeles Castro Enríquez, contra el perseguido existía la pena de muerte y una vez localizado se le aprehendió y se le cumplió, como decía en su sentencia.

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HARÍA OBRAS

Se dice que cuando el reo estaba vivo, en un acto tal vez de arrepentimiento, se arrodilló y dijo las siguientes palabras: "Que no tenía perdón por lo que había hecho, pero que en el más allá iba a abogar por los que le tuvieran fe y les iba a hacer obras finas", razón por la cual hasta el día de hoy es como más se le conoce.

Un vecino de Bácum, Pedro Flores, de 32 años, recuerda que desde que él tenía siete años de edad sabe que Faustino Morales sí hace milagros, por lo que valora sus palabras en el hecho de que muchas personas llegan al lugar donde está la tumba y, en agradecimiento por el milagro concedido, dejan cigarros, comida, veladoras y algunos hasta dinero o licor.

"Es gente que llega en carros nuevos, otros a pie o en bicicleta", asevera.

Otro creyente, también vecino de Bácum, es don Tomás Coronado Félix, adulto mayor de unos 88 años, quien recuerda que en su juventud a diario pasaba por la tumba del colgado rumbo a su trabajo en la zona yaqui.

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Fue a "Obras Finas" a quien a diario se encomendó para que no le faltaran el trabajo y el alimento con qué sostener a su familia, expuso, hasta que se jubiló por motivos de su edad.

Según los antecedentes en la historia, se ubica a Faustino Morales como un soldado desertor del Ejército del presidente Francisco I. Madero.

La monografía de la profesora Castro Enríquez detalla que el cuerpo del colgado permaneció en ese lugar por un tiempo hasta que algunos vecinos, entre ellos una señora conocida como Chala Durán, se apiadó de él y procedió a dar la cristiana sepultura.

Se menciona que la cabeza del personaje descansa en algún lugar del panteón del poblado y que el resto de su cuerpo permanece donde fue ejecutado, y que la fe popular ubica como el lugar donde hasta hoy se le venera.