La vitamina D es un nutriente clave para la salud, aunque muchas veces no se le da la importancia que merece. Su función no se limita únicamente a los huesos, también influye en el sistema inmunológico, la fuerza muscular y el bienestar general. Durante el invierno, los niveles de esta vitamina suelen disminuir, lo que aumenta el riesgo de deficiencia.
Además, contribuye al correcto funcionamiento del sistema inmune, ayuda a mantener la fuerza muscular y participa en procesos relacionados con el estado de ánimo y la energía diaria.
Cuando los niveles de vitamina D son bajos, el organismo comienza a resentirlo en diferentes áreas. La deficiencia puede provocar debilitamiento óseo, mayor riesgo de fracturas y alteraciones en el sistema inmunológico.
También se ha observado que su falta puede influir en la aparición de fatiga constante, dolores musculares y una sensación general de malestar, especialmente durante temporadas con poca exposición solar.
SÍNTOMAS MÁS COMUNES DE DEFICIENCIA DE VITAMINA D
Los síntomas pueden variar de una persona a otra, pero algunos de los más frecuentes son:
- Cansancio persistente y falta de energía
- Dolores musculares o debilidad física
- Molestias en huesos y articulaciones
- Resfriados o infecciones frecuentes
- Cambios en el estado de ánimo, como tristeza o irritabilidad
- Dificultad para concentrarse

CÓMO OBTENER VITAMINA D DURANTE EL INVIERNO
Aunque la exposición al sol es limitada en esta época del año, existen varias formas de mantener niveles adecuados:
- Consumir pescados grasos como salmón, atún y sardinas
- Incluir yema de huevo en la alimentación
- Optar por lácteos y cereales fortificados
- Considerar suplementos de vitamina D bajo supervisión médica
- Aprovechar la luz solar cuando sea posible, aunque sea por pocos minutos al día
Cuidar los niveles de vitamina D es fundamental para mantener una buena salud durante el invierno. Una alimentación equilibrada y la atención a las señales del cuerpo pueden marcar la diferencia en el bienestar diario.




