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Presagio en el PRI: tiro de gracia

Aún con todos los desaciertos que pudieran haber tenido quienes controlaban el PRI, la forma de "deshacerse" de sus herencias no ha sido la mejor

A como se están presentando las cosas en el PRI de Sonora, para 2024 le darán el tiro de gracia.

El proceso de selección de la nueva dirigencia estatal ha removido no solamente a quienes estaban al frente sino la escasa confianza de muchos militantes en su partido.

Con el afán de cerrarle el paso a quienes, dicen, han dirigido al PRI durante años, los interesados en ese desplazamiento trabajaron de manera muy burda, sin medir consecuencias.

Una cosa es entrarle a rajatabla a los cambios y otra, muy distinta, el hacer a un lado la necesidad de los consensos y llegar a acuerdos en beneficios de las partes, pero todo parece indicar que a la dirigencia nacional se le olvidó el tejido fino y el oficio político.

Enfrascado en sus propios pleitos en las alturas, Alejandro Moreno Cárdenas maniobró de manera poco ortodoxa para, según él, eliminar todos los vestigios de Claudia Pavlovich Arellano, y todo lo que ella representa, pues la consideran "traidora" debido a la pérdida electoral de 2021 y su posterior nombramiento como Cónsul en Barcelona, que culminó anoche con su expulsión del partido.

Pero aún con todos los desaciertos que pudieran haber tenido quienes controlaban el PRI, la forma de "deshacerse" de sus herencias no ha sido la mejor y en consecuencia ese partido está comenzando a cavar su propia tumba.

Si los actuales mandos priistas desean hablar de traiciones, lo mejor sería que analizaran sus propias conductas porque muchos militantes sostienen que no es un adecuado procedimiento político el desplazar la experiencia de exgobernadores, ex alcaldes, expresidentes de partidos, actuales presidentes de comités ejecutivos municipales, presidentes municipales, diputados locales, senadores y diputados federales.

Es una afrenta, por ejemplo, para Alfonso Molina Ruibal o Wenceslao Cota Montoya, por citar solamente a dos de los muchos integrantes del Consejo Político, el traer la escoba y barrer con su investidura solamente para acomodar a otro grupo en el control del partido.

También es una traición, refieren, que el ex alcalde de Cajeme, Rogelio Díaz Brown Ramsburgh, y su gente se hayan alineado de bote pronto a respaldar las fallas del proceso electoral interno, cuando todavía falta por verse la decisión que emitan los tribunales a los cuales se fue la queja de la fórmula desplazada .

El pago de ese "favor" se explica, sostienen priistas, con el nombramiento extendido ayer a la ex diputada Kiki Díaz Brown como Secretaria de Gestión Social del Comité Directivo Estatal, lo que significa que ese grupo quiere estar, a como dé lugar, en la primera fila cuando se vengan los procesos selectivos de candidatos.

¿Cómo se le encarga a una persona que jamás ha sabido de penurias económicas, el "estar al pendiente y gestionar la atención de las diferentes necesidades de la gente en el Estado"?, cuestionan muchos priistas.

Finalmente, habrá que deducir que los grupos de poder en el PRI están jugando a las vencidas y en una de esas el partido no alcanzará a reescribirse sino que en las elecciones que vienen podría quedar rezagado en el sótano, si nos vamos a las exageraciones.

Requiere este partido salir de la terapia intensiva, pero no será con choques eléctricos como lo conseguirá sino mediante medicamentos acordes a su gravedad que permitan reagrupar a los militantes que quedan y, necesariamente, atraer a quienes, por este tipo de actitudes antidemocráticas, han quedado en el camino.

Muchos ya están en otras corrientes políticas. Dependerá de la habilidad de los dirigentes el traerlos de nuevo al redil, aunque sean pocos.

Son, en fin, nubarrones en el cielo tricolor que presagian tormenta si no es que un diluvio.

Comentarios: franciscogonzalez.bolon@gmail.com

Francisco Gonzalez Bolon