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Cinturones de castidad

Mi vida. ¿Todavía sigues enojada?

"¿Tienen cinturones de castidad?". Esa insólita pregunta le hizo la joven esposa al dependiente de la tlapalería. El apurado maridito de la chica, que llegó tras ella, le dijo con tono atribulado: "Pero, mi vida. ¿Todavía sigues enojada?".

Cinturones de castidad
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Leer es como viajar, y viajar es como leer. De mis lecturas y mis viajes he sacado una rica cosecha de dichos y dicharachos sobre los más diversos temas.

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Aficionado como soy a la paremiología -tratado de los refranes-, tengo un cuaderno lleno de sentencias tanto de origen culto como popular. Unas me divierten, me aleccionan otras, y todas me sirven de útil entretenimiento.

Obvio es decir que mi colección no se compara ni remotamente con la que formó en España don Gonzalo Correas o la que en México hizo don Ignacio Manuel Altamirano, pero aun así suelo sacar de ella antiguas sentencias aplicables a casos actuales.

Tomen mis cuatro lectores como ejemplo ésta: "Peléense las comadres y díganse las verdades". ¿No es cierto que el dicho viene como anillo al dedo al pleito que se traen Julio Scherer Ibarra y Alejandro Gertz Manero?

Sus dimes y diretes ponen de manifiesto que eso de la austeridad republicana, la pureza patriótica y la honestidad valiente que predica López Obrador es sólo palabrería, y que en los sótanos de la 4T pululan las rencillas y traiciones de los cortesanos que se disputan el favor de su monarca.

La verdad, ni a cuál irle de aquellos dos pugnaces camareros de AMLO. Para usar otro dicho nuestro, están iguales el pinto y el colorado.

La palabra "jolino" es un mexicanismo equivalente a la voz castiza "rabón", que se aplica al animal sin cola o que la tiene más corta de lo regular. A cierto político de pueblo le decían así, "El jolino", porque repetía una y otra vez en sus discursos: "Yo no tengo cola que me pisen".

Según voz general, ni Gertz ni Scherer son jolinos, de modo que muchos trapitos al sol saldrán si López Obrador no apacienta a sus ovejas, aunque una se haya ido ya del redil y la otra siga indebidamente en él. Lo dicho: peléense las comadres y díganse las verdades.

La guapa asistente del radiólogo usaba una gruesa vestimenta de material metálico que la cubría desde el cuello hasta los pies tanto por delante como por atrás. Le preguntó alguien: "¿Es para protegerse de las radiaciones?". "No -respondió la bella chica-. Es para protegerme del radiólogo".

A las puertas del Cielo, ante el trono donde el Supremo Juez estaba juzgando a las almas, se había formado una inmensa fila, más larga aún que las que se hicieron ahora que al republicano y belicoso gobernador de Texas le dio por alargar artificiosamente las revisiones a los vehículos de mexicanos que cruzaban la frontera para ir "al otro lado", con molestia para ellos y daño grave para los comerciantes texanos.

Se desesperaban los hombres y mujeres que formaban aquella interminable fila frente a la morada celestial, pues casi no se movía; avanzaba con exasperante lentitud. De pronto, para alivio de todos, la fila empezó a moverse con inusitada rapidez.

Le preguntó alguien a San Pedro: "¿Qué sucede? ¿Por qué ahora la fila está avanzando tan rápidamente?". Explicó el apóstol de las llaves: "Parece que el Señor, en su infinita misericordia, ya no está tomando en cuenta el sexto y el noveno mandamientos: no fornicar y no desear la mujer de tu prójimo". (Cuán cierto es aquel otro dicho según el cual "De la cintura para arriba todos somos buenos". Útil será recordar de nuevo la antigua copla oaxaqueña de la época colonial: "Si no quitan el noveno, / y el sexto no se rebaja, / ya podrá Diosito bueno / llenar su Cielo con paja"). FIN.


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