"No enviar petróleo a Cuba es traicionar a la expropiación petrolera"

La frase citada, obliga a recordar los fuertes lazos de hermandad, diplomacia y ayuda mutua entre Cuba y México

No enviar petróleo a Cuba es traicionar a la expropiación petrolera

Con esa contundente e ilustrativa frase, un grupo de intelectuales titularon un documento de contenido político, ideológico y fraternal hace varios años atrás. En él, hicieron público su posicionamiento de empatía y solidaridad con el pueblo de Cuba y, consecuentemente, refrendaron su lazos y vínculos de amistad sincera.

La frase citada arriba, obliga a recordar los fuertes lazos de hermandad, diplomacia y ayuda mutua entre Cuba y México, que datan de muchos años atrás, pese a la intentona en su contra, auspiciada por intereses oligarcas. Para prueba, basta recordar uno de los momentos más gloriosos y aciagos de la historia mexicana, cuando el legendario general y presidente Lázaro Cárdenas decretó la expropiación del petróleo, en marzo de 1938, cuyo acto soberano contó con el respaldo franco y efectivo del pueblo cubano.

A raíz de la nacionalización del petróleo, el Gobierno de México enfrentó una intensa guerra de presiones, denostaciones y hostilidades de poderes imperiales, quienes consideraban al país como tierra de conquista, por lo que se propusieron obligarlo a dar marcha atrás al decreto expropiatorio y reposicionar los intereses de las empresas extranjeras involucradas.

En respuesta, el Gobierno de Cárdenas se atrincheró en el pueblo; se hizo fuerte con los obreros, campesinos y maestros de escuelas públicas, en otros actores sociales a fines, y de la nano de todos ellos se propuso resistir a las presiones, sabotajes y demás embestidas de los intereses imperialistas.

En su lucha por el rescate y reapropiación de los bienes naturales, el mismo presidente Cárdenas acordó un plan de indemnización y exhortó al pueblo a contribuir con donativos en dinero o bienes de su patrimonio, para el pago de las indemnizaciones correspondientes a los bienes nacionalizados.

Entonces México contó no sólo con el respaldo efectivo del pueblo, sino también ganó para sí la solidaridad de varios países hermanos, pero ninguno de ellos; ninguna isla del mundo abrazó tanto la causa mexicana como Cuba, que no sólo reconoció la validez de la expropiación petrolera, sino además llevó a cabo la recaudación de recursos económicos entre su gente, que luego envió al Gobierno mexicano para el fondo de indemnización de las compañías nacionalizadas.

Ya se ha documentado que, en junio de 1938, tres meses después de la nacionalización del petróleo, cientos de cubanos se dieron cita en un centro deportivo de la Habana, donde tuvo lugar un multitudinario mitin en solidaridad con el Gobierno mexicano, al que reconocían por su espíritu nacionalista y firmeza en la recuperación de su patrimonio natural, conforme la Constitución vigente de 1917.

Cuentan que la entrada al evento político-solidario tuvo un costo monetario por cabeza, cuyo producto total fue depositado a nombre de México, exclusivamente en apoyo para los pagos correspondientes a la referida indemnización de compañías petroleras expropiadas.

Vistas las cosas así, queda claro que no se puede explicar a cabalidad el proceso de la expropiación petrolera, sin considerar la contribución pecuniaria del pueblo cubano respecto al pago de indemnización de las compañías extrajeras.

Por fortuna, hoy por hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene un robusto conocimiento de las relaciones amistosas y colaboración entre las dos naciones, con lazos y vínculos que van más allá de las convenciones oficiales. Fiel a esa larga tradición de hermanad; conocedora por demás de su historia y congruente con los valores humanistas del Gobierno de la 4T, del que ella misma es su digno timonel, la mandataria federal continúa con la postura de proporcionar ayuda humanitaria a Cuba, justo ahora cuando más lo necesita, pese a las indolentes presiones del malvado Tío Sam.

¡LARGA VIDA PARA LOS VÍNCULOS DE HERMANAD MÉXICO-CUBA!