Un estudio realizado en la Universidad de California, en Los Ángeles, reveló que los ácidos biliares juegan un papel clave en el cuerpo
Por: Jhoanna Ontiveros Peraza
Durante años, la nutrición ha hablado de "grasas buenas" y "grasas malas", pero sin una explicación clara de cómo el cuerpo logra diferenciarlas. Un nuevo estudio de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) aporta evidencia científica clave sobre este proceso y podría cambiar la forma en que se tratan enfermedades como la obesidad y la diabetes. La investigación fue publicada en la revista Cell Metabolism.
El hallazgo central señala a los ácidos biliares, sustancias producidas por el hígado que ayudan a digerir las grasas. Más allá de su función digestiva, los científicos descubrieron que estas moléculas actúan como reguladores metabólicos que influyen en qué tipos de grasa se absorben y cuáles se eliminan del organismo.
¿POR QUÉ ALGUNAS GRASAS ENGORDAN Y OTRAS NO?
Cuando se consumen alimentos grasos, los ácidos biliares funcionan como un "detergente" que descompone los lípidos para que puedan ser absorbidos en el intestino.
Este mecanismo fue vital en épocas de escasez, cuando el cuerpo necesitaba aprovechar al máximo los nutrientes. Sin embargo, en la actualidad, con dietas ricas en grasas ultraprocesadas, ese mismo sistema puede favorecer el aumento de peso y trastornos metabólicos.
El equipo encabezado por Thomas A. Vallim analizó si los ácidos biliares actúan igual frente a todos los lípidos. Para ello, utilizaron la herramienta de edición genética CRISPR y desactivaron en ratones el gen CYP7A1, esencial para la producción de ácidos biliares, logrando reducir sus niveles a la mitad. En paralelo, compararon los resultados con otro grupo de ratones tratados con orlistat, un medicamento que bloquea de forma general la absorción de grasa.
Ambos grupos siguieron durante ocho semanas una dieta rica en grasas. Aunque en los dos casos disminuyó la absorción total de lípidos, solo los ratones con reducción selectiva de ácidos biliares estuvieron protegidos contra el aumento de peso. Además, estos animales mostraron una mayor liberación de GLP-1, una hormona que genera sensación de saciedad y que actualmente se utiliza en tratamientos contra la obesidad y la diabetes. A diferencia del grupo tratado con orlistat, no presentaron un aumento compensatorio del apetito.
El estudio reveló que al disminuir ciertos ácidos biliares, el cuerpo absorbe mejor las grasas saludables, como las presentes en pescado, frutos secos y aceites vegetales, mientras que elimina con mayor eficacia las grasas perjudiciales. Un elemento clave fue el ácido cólico, que facilita la absorción de grasas nocivas; al reducirlo, estas disminuyeron sin afectar las grasas benéficas.
Los investigadores concluyen que, en lugar de bloquear todas las grasas sin distinción, una estrategia más precisa sería enseñar al organismo a seleccionar mejor qué absorber y qué desechar. Este enfoque podría abrir la puerta a tratamientos más eficaces y personalizados para mejorar el metabolismo y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.