Fue una figura marcada por la fe, el martirio y una celebración popular que mezcla devoción, memoria histórica y tradición gastronómica
Por: Ofelia Fierros
Este 5 de febrero se conmemora el día de Santa Águeda, una de las santas más veneradas dentro del santoral cristiano y reconocida como patrona de las mujeres. Aunque la fecha no es festiva en Zaragoza, la jornada mantiene un profundo significado religioso y cultural para miles de personas que año con año recuerdan su legado.
"TETICAS", TRADICIÓN GASTRONÓMICA CARACTERÍSTICA DE LA CELEBRACIÓN DE SANTA ÁGUEDA
Desde primeras horas del día, es habitual que fieles acudan a la iglesia del Portillo, en la capital aragonesa, donde se resguardan reliquias asociadas a la santa. La visita al templo se combina con una de las tradiciones más características de esta fecha: la degustación de las populares "teticas", un dulce típico que solo se elabora para esta celebración y que se ha convertido en un símbolo inseparable del 5 de febrero.
Este postre, elaborado en forma de pequeño bollo relleno de nata o trufa y coronado con una guinda, tiene un fuerte significado simbólico. Su diseño hace referencia al martirio que sufrió Santa Águeda, a quien le fueron mutilados los pechos como parte de las torturas que padeció por mantenerse firme en su fe cristiana.
¿QUIÉN FUE SANTA ÁGUEDA?
Santa Águeda nació en Catania, Sicilia, y vivió durante el siglo III, en una época marcada por las persecuciones contra los cristianos. De acuerdo con antiguos relatos recopilados en obras hagiográficas como La leyenda dorada, la joven consagró su virginidad a Jesucristo, decisión que desató la ira de las autoridades romanas tras rechazar las pretensiones del gobernador, identificado en la tradición como Decio o Quintiliano.
Como castigo, fue enviada a un burdel con la intención de quebrantar su fe y su promesa, aunque, según la tradición, logró mantenerse fiel a sus convicciones. Este acto provocó que fuera sometida a severos tormentos, entre ellos la mutilación de sus senos, episodio que consolidó su figura como virgen y mártir dentro del cristianismo.
La fortaleza y dignidad con la que enfrentó su martirio la convirtieron con el paso de los siglos en un símbolo de resistencia, fe y defensa de la mujer. Por ello, cada 5 de febrero se recuerda su vida no solo a través de actos religiosos, sino también mediante tradiciones populares que mantienen viva su historia entre generaciones.