Conoce los motivos detrás del largo descanso felino y cuándo esos hábitos pueden cambiar hasta convertirse en una señal de alarma
Por: Fernanda Rodríguez
En promedio, un gato duerme alrededor de 15 horas al día. Sin embargo, esta cifra puede aumentar conforme envejece, llegando incluso a las 20 horas diarias en gatos adultos mayores. Esto explica por qué pasan más de la mitad de su día descansando, incluso cuando parecen llevar una vida tranquila y sin esfuerzo.
La principal razón detrás de este comportamiento está relacionada con su origen como depredadores. Los gatos evolucionaron para conservar energía y utilizarla en momentos clave, como cazar, perseguir y capturar a su presa. Estos movimientos requieren precisión, sigilo y un gasto energético considerable.
Este patrón se mantiene incluso en gatos domésticos que reciben alimento de manera regular. Veterinarios señalan que este comportamiento sigue presente porque forma parte de su programación natural, aunque ya no dependan de la caza para alimentarse.
LOS DOS TIPOS DE SUEÑO FELINO
Aunque parezca que los gatos duermen profundamente todo el tiempo, en realidad existen distintos niveles de descanso. Aproximadamente tres cuartas partes de su sueño es superficial. En este estado, conocido como sueño de ondas lentas, el gato parece dormido, pero mantiene activos el oído y el olfato, listo para reaccionar ante cualquier estímulo. Estas siestas suelen durar entre 15 y 30 minutos.
El resto del tiempo corresponde al sueño profundo. En esta fase, los gatos pasan por etapas similares a las humanas. Pueden incluso soñar, lo que se refleja en pequeños movimientos, sacudidas o cambios en su respiración.
CUÁNDO DORMIR DEMASIADO PUEDE SER UNA ALERTA
Aunque dormir mucho es normal en los gatos, existen factores que pueden provocar un aumento anormal en sus horas de descanso. Uno de ellos es el aburrimiento. La falta de estímulos puede llevar a un exceso de sueño y, con el tiempo, a conductas problemáticas.
Otra causa más delicada son ciertas enfermedades. Problemas como hipertiroidismo, diabetes, enfermedades renales o cardíacas pueden hacer que un gato duerma más de lo habitual. Especialistas recomiendan acudir al veterinario si el aumento del sueño viene acompañado de otros cambios, como pérdida de apetito, adelgazamiento o falta de interés por su entorno.