Los regalos con valor afectivo, como objetos hechos a mano fortalecen vínculos sociales y de confianza
Por: César Leyva
Dar o recibir un regalo va mucho más allá de un simple intercambio material pues se convierte en una experiencia emocional y neurológica que activa diversas áreas del cerebro.
Estudios en neurociencia y psicología muestran que regalar involucra placer, empatía y, a veces, ansiedad, reflejando nuestra necesidad de conexión social.
EL PLACER DE REGALAR
Cuando elegimos un regalo, el estriado ventral se activa, liberando dopamina, el neurotransmisor del placer y la motivación. "Dar un regalo estimula las mismas áreas que escuchar nuestra canción favorita o disfrutar de nuestra comida preferida", explican expertos en neuropsicología.
La empatía refuerza esta sensación positiva, gracias a la corteza prefrontal medial, que nos permite comprender y anticipar la felicidad del otro.
RECIBIR TAMBIÉN ACTIVA EL CEREBRO
Abrir un obsequio activa la amígdala y el hipocampo, regiones vinculadas con la emoción y la memoria. Los regalos con valor afectivo, como objetos hechos a mano o recuerdos compartidos, generan liberación de oxitocina, fortaleciendo vínculos sociales y confianza. Por eso, los regalos emocionales se recuerdan durante años.
EL ESTRÉS DE ELEGIR EL REGALO PERFECTO
Elegir un obsequio no siempre es fácil. La presión por acertar activa la amígdala y la corteza prefrontal dorsolateral, responsable de la toma de decisiones complejas. La saturación de opciones en ocasiones especiales, como Navidad o cumpleaños, aumenta la ansiedad, haciendo que el alivio llegue solo al entregar el regalo.
REGALAR NOS HACE MÁS FELICES
Investigaciones de Harvard y la London School of Economics revelan que gastar en otros genera más felicidad que gastar en uno mismo. Este "placer prosocial" se asocia con dopamina y endorfinas, además de reforzar la percepción de uno como persona empática y generosa.
MÁS ALLÁ DEL OBJETO: EL VÍNCULO HUMANO
El impacto emocional de un regalo reside en su significado, no en su precio. Objetos pensados con detalle evocan emociones más intensas que los comprados automáticamente. Dar y recibir regalos activa una red cerebral compleja, mostrando que este acto refuerza los lazos humanos y el bienestar emocional.