En una audiencia el fallecido pontífice hizo una reflexión profunda sobre este tipo de lenguaje que no necesita palabras
Por: César Leyva
Cada 21 de enero, cuando se celebra el Día Internacional del Abrazo, se recuerda el valor de un gesto sencillo, pero profundamente transformador. Y es que ¿a quién no le hace bien un abrazo?
Sobre este tema, alguna vez el Papa Francisco hizo una extensa reflexión en una audiencia del 25 de abril de 2024 resaltando la importancia de los abrazos en particular hacia aquellos que más lo necesitan.
En esta fecha, las palabras del Papa Francisco en una audiencia cobran especial relevancia al reflexionar sobre la importancia de los abrazos, en particular hacia quienes más los necesitan.
¿QUÉ DECÍA FRANCISCO SOBRE LOS ABRAZOS?
"El hombre se abre a la vida con un abrazo, el de sus padres", afirmó el Pontífice, destacando que este primer gesto de acogida marca el inicio de una cadena de encuentros que dan sentido a la existencia humana hasta el final del camino terrenal.
Para el Papa, el abrazo es una de las expresiones más espontáneas y auténticas de la experiencia humana.
LOS TRES TIPOS DE ABRAZOS SEGÚN FRANCISCO
En su reflexión, Francisco distinguió tres tipos de abrazos:
- El primero es el abrazo que no se da, aquel que nace del rechazo y la desconfianza. Cuando los brazos se vuelven rígidos y las manos amenazantes, se rompe el vínculo con el otro.
"En el origen de las guerras hay a menudo abrazos no dados o rechazados", advirtió, señalando que de esa ausencia surgen prejuicios, conflictos y violencia. Frente a ello, invitó a testimoniar que "el camino del abrazo es el camino de la vida".
- El segundo es el abrazo que salva. Este abrazo, gratuito y sobreabundante, es el modelo del amor radical. El papa exhortó a "dejarnos abrazar por el Señor", recordando que todos conservamos un niño interior que necesita ser acogido.
- Finalmente, habló del abrazo que cambia la vida, el que se da entre seres humanos y abre caminos de esperanza.
Recordó ejemplos de santos como san Francisco de Asís, cuya vida dio un giro decisivo tras abrazar a un leproso.
Para el papa, aprender a sostener y acompañar con brazos compasivos permite transformar la sociedad y construir una auténtica cultura del abrazo, capaz de renovar relaciones y sembrar un futuro de paz.