Investigaciones recientes y análisis difundidos por medios especializados señalan que no basta con acumular pasos
Por: Brayam Chávez
Durante años, caminar 10 mil pasos diarios fue presentado como la fórmula infalible para mantenerse sano. Sin embargo, en 2026 la ciencia ha comenzado a desmontar ese popular consejo. Investigaciones recientes y análisis difundidos por medios especializados señalan que no basta con acumular pasos: la intensidad del movimiento es el verdadero factor que marca la diferencia en la salud.
EL ORIGEN DE UN MITO MUY POPULAR
La recomendación de los 10 mil pasos se instaló como un estándar casi incuestionable, adoptado por relojes inteligentes, aplicaciones y rutinas de bienestar. No obstante, especialistas en Ciencias de la Actividad Física advierten que esta cifra se convirtió más en un eslogan que en una meta basada en evidencia científica sólida.
De acuerdo con análisis recientes, caminar sin esfuerzo, a un ritmo muy bajo, no representa un estímulo real para el cuerpo. La biología humana, diseñada para ahorrar energía, no se adapta ni mejora si la actividad no supone un reto.
POR QUÉ CAMINAR LENTO NO MEJORA LA SALUD
Expertos citados en estudios recientes explican que recomendar simplemente "caminar" es una indicación demasiado vaga. Investigaciones como el estudio LITE demostraron que las personas que caminaban despacio presentaban biomarcadores y capacidades físicas muy similares a quienes no realizaban ninguna actividad.
Para el organismo, caminar sin elevar el esfuerzo es apenas un movimiento cotidiano, una especie de "ruido de fondo" que no impulsa mejoras en el sistema cardiovascular ni en la condición física general.
LA INTENSIDAD, EL VERDADERO PUNTO CLAVE
La diferencia entre dar un paseo y hacer ejercicio no es gradual, sino mucho más marcada de lo que se pensaba. La ciencia ha identificado lo que algunos especialistas llaman la regla del x3, basada en datos de grandes estudios poblacionales.
Esta regla indica que el ejercicio de intensidad moderada o alta puede ser hasta tres veces más efectivo para mejorar la condición física que caminar lentamente. El cuerpo responde solo cuando percibe que debe adaptarse a un esfuerzo mayor.
EL RITMO QUE MARCA LA DIFERENCIA
Uno de los datos más claros es la cadencia. La frontera entre caminar y entrenar se sitúa, según los estudios, entre los 120 y 140 pasos por minuto. Por debajo de ese rango, la actividad ayuda a romper el sedentarismo, pero no alcanza para fortalecer el corazón ni mejorar la capacidad cardiorrespiratoria.
Incluso, algunas revisiones científicas sugieren que mantener ritmos excesivamente lentos podría asociarse con un mayor riesgo cardiovascular en comparación con quienes caminan a paso rápido o realizan ejercicio más exigente.
¿ENTONCES CAMINAR YA NO SIRVE?
Caminar no es perjudicial y sigue teniendo beneficios, especialmente para la movilidad y la longevidad general. Sin embargo, los expertos coinciden en que lo que realmente protege la calidad de vida es la intensidad del movimiento, no solo la cantidad de pasos acumulados.
Estudios recientes indican que caminar rápido al menos 15 minutos al día puede ofrecer beneficios comparables a los 150 minutos semanales de ejercicio recomendados, siempre que el ritmo eleve la frecuencia cardiaca.
EL VEREDICTO DE LA CIENCIA
La conclusión es clara: contar pasos no es suficiente. Si el reloj inteligente marca 10 mil pasos pero el pulso nunca se acelera, el impacto en la salud es limitado. La evidencia científica apunta a que solo el ejercicio que desafía al cuerpo, eleva el ritmo cardiaco y exige un esfuerzo real logra reducir el azúcar en sangre, fortalecer el corazón y mejorar la condición física.
Más que obsesionarse con una cifra, la clave está en moverse con intención y darle al cuerpo una razón para adaptarse.