Pueden estar hechas de yeso, madera, resina, cerámica o barro, y cada material exige técnicas y tiempos distintos
Por: César Leyva
En la Ciudad de México hay personas y talleres que realizan una tarea muy especial: la restauración de imágenes del Niño Dios. Se trata de un trabajo artesanal que combina técnica, paciencia y sensibilidad, ya que cada pieza tiene características y daños distintos
Cada restauración de un Niño Dios es única. No existen dos procesos iguales, porque tampoco existen dos piezas idénticas. Las imágenes pueden estar hechas de yeso, madera, resina, cerámica o barro, y cada material exige técnicas y tiempos distintos.
Además, la antigüedad y el nivel de daño determinan el reto que enfrenta el restaurador.
Las partes más delicadas suelen ser las manos, los dedos y la nariz. En figuras pequeñas, cualquier error se vuelve evidente. Hay ocasiones en que las imágenes llegan en fragmentos, literalmente en "cachitos".
ASÍ ES EL PROCESO DE RESTAURACIÓN
El primer paso es devolverles la forma original como unir las piezas, reforzar la estructura y asegurar la estabilidad de la figura.
Una vez recuperada la base, comienza el trabajo más minucioso. Capa a capa, el restaurador regresa el color a la piel, desgastada por el paso del tiempo, la humedad o el uso constante. El objetivo no es solo cubrir imperfecciones, sino lograr una tonalidad natural y coherente con la pieza original.
El proceso culmina con los detalles finos. Con una brocha muy delgada se trazan cejas, labios y, especialmente, la mirada. Los ojos son clave: definen la expresión y la identidad de la imagen.
"Eso es lo que podemos hacer para dejarlos lo mejor posible", explica Omar, restaurador especializado. Aclara que no siempre el resultado es idéntico al original, ya que manos y pies suelen requerir mayor intervención y modificación.
UN TRABAJO CON ALTO VALOR SIMBÓLICO
El tiempo de restauración también varía. No existe un promedio fijo, ya que depende del material, el daño y la antigüedad de la pieza. Sin embargo, en la mayoría de los casos, un Niño Dios puede quedar listo entre una hora y media y tres horas.
Más que un oficio técnico, la restauración es un trabajo artesanal que combina paciencia, precisión y respeto por el valor simbólico y emocional de cada imagen.