Un Informe de la ONU

La felicidad en México

Por: Gerardo Armenta

Algunas regiones del mundo de hoy son un auténtico polvorín. Existe lo que se conoce como Organización de las Naciones Unidas, igual o más conocida por sus siglas: ONU. Se trata de una especie de club donde las principales potencias del mundo de hoy, agrupadas en un llamado Consejo de Seguridad, se afanan (no se sabe cómo realmente) para lograr el imperio de la paz en mundo.

Sin embargo, la evidencia a la mano es que, cuando en el orbe de hoy no existe un determinado conflicto bélico entre naciones, es que no debe faltar mucho tiempo para que termine por suceder. Y cuando ocurre, el otro problema estriba en que la ONU haga gala de capacidad institucional o política para resolverlo.

El llamado Medio Oriente y su estela casi eterna de problemas sin solución es una prueba de ello. En lo particular, el conflicto entre Israel y ¨Palestina es una prueba contundente de que la antaño denominada Liga de las Naciones no suele disponer de autoridad ejecutiva para arreglar divergencias entre las naciones. Y si la tiene, nadie le hace caso, empezando por las que con justificado temor suelen ser identificadas como las grandes potencias de hoy, que básicamente hay que decir son dos o tres para no hacernos bolas.

El caso es que la ONU ha realizado un revelador estudio que seguramente cada quien podrá o deberá interpretar a su manera, dependiendo de su particular visión o entendimiento. ¿Sabe usted cuál es el país más feliz de América Latina? Exacto: México. ¿Sabe usted qué lugar ocupa México a nivel mundial en relación con el mismo tema de la felicidad? Ni más ni menos que el 25, todo de acuerdo, vale repetirlo, con un informe de la ONU.

Deben ser ciertas las conclusiones de tal estudio. Porque de alguna manera ratificó por séptima vez lo que, por ejemplo, siempre se ha dicho o sabido, en cuanto a que Finlandia es el país más feliz del mundo. A Finlandia, en riguroso orden, le siguen, como ocupantes de los primeros lugares a cuanto a la felicidad como modo de ser, naciones como Dinamarca, Islandia y Suecia. Se trata de los llamados países nórdicos.

En Latinoamérica, después de México los países que tienen notables índices de felicidad existencial son Uruguay, El Salvador, Chile, Panamá y Guatemala. Por lo visto, el lugar más infeliz del mundo, y esto por el regreso al poder de los talibanes, es Afganistán, lo cual es algo que podría entenderse sin mayores complicaciones.

¿Pero qué tan cierto será que los mexicanos viven o son el país más feliz de América Latina? Tal es la pregunta que importaría poner en claro. La felicidad, práctica y filosóficamente, no es algo que resulte dable alcanzar al dicho de un conjuro. No falta quienes sostengan que, en realidad, se llega a ser feliz tras recorrer un camino tortuoso.

Sin embargo, por lo visto sí es posible medir la felicidad a partir de información económica y social, lo cual, para que más que la verdad, tiene sentido. En principio, tal estado anímico debe partir de un bienestar personal o colectivo. Definiciones o marcaciones como las anteriores son fáciles de plantear y comprender. Es así porque simplemente parecerían obedecer a un obvio sentido común.

Por lo demás, y dicho sea en una definición hasta simplista, la existencia personal y colectiva mismas no son más que la búsqueda y concreción de una serie de aspiraciones que se pretenden colmar con un mínimo o mayor esfuerzo en una serie de afanes de vida. No en balde suele decirse que no hay felicidad que resulte producto de la magia.

Consideraciones aparte, lo cierto es que no deja de llamar la atención que un estudio cuya hechura se advierte seria y profesional, marque la conclusión de que el país más feliz del continente es ni más ni menos que el nuestro. Pero sin llegar al extremo contrario, quizá en la víspera no se habría tomado con mucha seriedad el informe de la ONU que se comenta.

No puede dejar de advertirse que, de una u otra manera, ese trabajo debió requerir una mínima metodología para apuntalar su hechura. México ha sido un país con problemas ancestrales. La clave para asumirlos ha debido ser una gran dosis de felicidad personal y colectiva.

armentabalderramagerardo@gmail.com